La pasarela se colmó de emociones, había modelos de todas partes del mundo, fue todo un éxito, el vestido holgado, de tono dorado resplandeció en el escenario, Sharis se destacó en su primer desfile frente al mundo, muchos veían el evento desde sus hogares a nivel televisivo, la moda Neoyorquina, imponiéndose en todo el mundo. a las modelos les dieron un día solo para
divertirse, las llevaban y traían, visitaron la torre y el museo, no les dio tiempo de nada más, apenas pudieron disfrutar. Pasaron tres días, salieron de Paris a Roma y de allí llegaron a Londres al Aeropuerto Heathrow. Las chicas arribaron al lugar deseaban llegar al hotel y descansar un poco, a pesar del tiempo de vuelo, pasó muy pronto, un par de horas y un poco más de tiempo.
—Sharis, por fin hemos llegado, estoy agotada —comentó Evangelina.
—Sí, ya me siento cansada de volar en esos aparatos que pienso se van a caer hasta llegar a tierra y explotar.
—¿Cómo puedes pensar eso amiga? Los aviones son muy seguros… yo lo sé.
—No lo creo, lo he visto en las películas, nunca había viajado en avión… A pesar de los viajes que han sido cortos. Los hay mucho más largos, una pregunta Eva ¿Qué tiempo estaremos en Londres?
—Unos cuatro días… Recuerda, hoy en la noche la presentación a la prensa, luego un desfile particular de unos de los diseñadores más cotizados de Londres y una gran cena en uno de los restaurantes más visitados de Inglaterra. Debemos estar radiantes, que la luna sienta envidia de nosotras… Impactaremos en el evento especial.
Evangelina es una mujer esbelta, bastante delgada… su belleza cautiva miradas sobre todo en hombres adinerados, su cabello es rubio como el sol, casi de un color naranja, es totalmente hermosa. Es muy aplaudida en los desfiles, su balanceo de caderas es muy atractivo a las miradas. Ella y Sharis practicaban siempre, para darles soltura a las caderas y a las piernas. Aprendieron juntas a maquillarse, a Sharis le obsequió la agencia una laptop, ya que no deseaba tener un celular en su poder, le trae recuerdos muy tristes.
—Sharis, ¿Por qué no usas un celular?
—Es una larga historia, no puedo decirte nada, solo te diré que he sufrido mucho por eso.
—¿Por un celular? ¿Quién sufre por un teléfono? ¡No entiendo!
—Mejor así Eva, es difícil hablarte de eso ¡Por favor, no preguntes!
—¡No digas nada si no lo deseas! Cuando quieras, sabes que puedes confiaren mí, soy tu amiga… recuérdalo Sharis, tenemos tiempo tratándonos, eso significa que hay un poco de confianza entre nosotras.
Llegado el momento, las chicas salieron del hotel en la limousine que pasó por ellas para llevarlas directamente donde se efectuará el desfile. Todas las modelos lucían radiantes, la prensa, las fotos, las cámaras era un espectáculo inolvidable. Esa fue una gran noche… la velada se prolongó bastante, muchos de los londinenses apreciaron el acontecimiento realizado por los reyes de la moda.
Aquella tarde, Ibrahim Lincolai visitaba a su familia, terminaban el almuerzo, después de haberlos saludado preguntó por Leonora.
—¿Papá dónde está mi hermana? Quiero saludarla.
—Ella está en la biblioteca.
—Vaya… está en una de lectura, muy bien ya regreso.
Ibra, se acercó a saludar a su hermana, al verla sentada en el sillón favorito de su papá, frente al televisor, le llamó la atención.
—¿Que miras? ¿Cómo estás?
—Un desfile muy hermoso… Me gustaría ser como esas chicas, pero me falta estatura y belleza… ¡Ah! por supuesto, lo delgadas que suelen ser, ven siéntate aquí, veamos el evento.
—Imagínate hermana, yo viendo chicas… Eso no es para mí, estoy a punto de ser sacerdote, no sé si lo recuerdas...
—Claro que lo recuerdo, pero están vestidas, es como verlas en la calle.
—¡Es diferente!
—¡No lo es! —asintió Leonora, mira qué mujer tan hermosa, hermano.
Cuando Ibrahim volteó desde el escritorio de su padre… se dio cuenta que la modelo era, Sharis Ross, cómo es que esa mujer estaba en Londres, tan cerca de él y no lo sabía.
—Hermana, ¿eso es aquí?
—Supongo que sí hermano ¿Por qué?
—¡Por nada! No me hagas caso, no me quedaré aquí a ver esas tonterías.
Ibrahim salió con rapidez, no dejó que su hermana preguntara como le estaba yendo en la Villa, quiso hacerlo, pero no le dio tiempo, él salió de prisa.
Al verla en la televisión, sonriendo como una niña, él se acordó de todo lo sucedido, se despidió de los padres y se fue inmediatamente. Se regocijó en la casa, oró mucho, no saldría del sitio para no ser encontrado, Ibrahim conocía mucho a Sharis, sabía que removería cielo y tierra hasta encontrarlo, es muy decida y terca, cuando se le mete algo en la cabeza, no hay manera de hacerla cambiar de opinión.
Les dieron un día a las chicas, para conocer algunos sitios de interés, Sharis pidió al chofer ir a la iglesia, las otras modelos se quejaron, no deseaban ir a rezar, deseaban conocer por ejemplo London Eye, pasear en autobús ciertas
partes… ¿Por qué la iglesia? Muchas comentaron el agradecimiento a Dios ya estaba dado, así que Sharis se inventó una excusa, diciendo que era una promesa.
El chofer las llevó a una capilla, le dijo a Eva que la acompañara, ella se negó y le tocó ir sola, entró por un instante y llamó al párroco o a quién la escuchara… salió un joven de unos 17 años.
—Disculpe joven, me podría decir ¿Dónde está el cura de esta iglesia?
—Está ocupado, la misa es más tarde… ¿Para qué lo busca? ¿Es urgente? —preguntó el monaguillo con interés.
—No… es solo que debo preguntarle algo importante o quizá tú puedas ayudarme.
—¿Que desea?
—¿Conoces a un señor llamado, Romano Lincolai?
—Ah, ese señor sí, es muy conocido, él forma parte de la iglesia.
—Vaya… que bien, lo ando buscando, puedes decirme ¿Dónde podría ubicarlo? }
—El señor Lincolai, no tarda en llegar… ¡Ah mire, ahí llega!
Sharis abordó al señor Romano antes que se dirigiera a lo que vendría a hacer.
—Señor, disculpe usted, buenas ¿podría hacerle una pregunta?
—Buenas señorita, ¿Que se le ofrece?
—Estoy buscando a su hijo.
—¿A mi hijo? ¿Qué tiene usted que ver con él?
—Nada en absoluto señor, vengo de Nueva York, traigo un recado para él, es personal, una pregunta, ¿Usted conoce a Emilco Briche?
—¡Sí, claro! Lo recuerdo. ¡Ay, ese hombre era terrible! Cuando estudiábamos no dejaba de perseguir a las chicas, les gustaban todas… desde esos tiempos, no volví a saber de él… ¿Cómo es que lo conoce?
—Traigo un recado para su hijo… No se preocupe que no es nada malo, ¿Puede
decirme dónde encontrarlo? ¿Está en su casa?
—No, no está en casa, está en la Villa,
—¿La Villa? Y, eso ¿Qué es? ¿Dónde queda? ¿Acá mismo en Londres? —Preguntó curiosa y confundida a la vez.
—Es un lugar donde los estudiantes y seminaristas, hacen algo así como un retiro emocional y espiritual, mientras sigue su carrera al sacerdocio.
—Si… lo sé, lo conocí en el seminario. Puede darme la dirección, yo debo regresar mañana a mi país.
—¡Cómo no! Tenga, aquí está, pero le agradezco no lo distraiga mucho, por favor. —acentuó el señor Romano.
—No se preocupe, no tardaré nada, solo unos minutos, no ando sola así que será rápido, le doy el recado y listo.
—Perfecto, confío en que será así, se ve que usted es una señorita educada y con valores.
La muchacha agradeció al señor Romano Lincolai por haberle dado la dirección donde se encontraba Ibrahim, y a su vez, agradeció a Dios, el haberlo puesto justo en ese lugar donde ella fue a preguntar por él. El destino también habría hecho su parte.
¿Cómo hará Sharis, para deshacerse de las demás chicas e ir a visitar a Ibrahim? Debe ingeniárselas, inventará alguna otra excusa… Ella se saldrá con la suya.
Cerca de la villa, hay una cascada muy hermosa con una laguna inmensa, Sharis comentó al chofer para llegar hasta allí, el panorama se prestaba para tomar aire puro y disfrutar de las montañas. El chofer no vio objeción, era lo que ellas quisieran. Llegaron al lugar, en realidad era impresionante, ellas deseaban bañarse en la laguna, pero no tenían ropa adecuada, de igual manera una de ellas se quitó la prenda de vestir y se metió al agua en ropa interior.
—El agua está muy fría, pero deliciosa podemos relajarnos aquí, lo bueno es que no hay nadie que pueda vernos. —gritó Cynthia, temblorosa del frío.
Las otras restantes, hicieron lo mismo, mientras estaban disfrutando del día, Sharis aprovechó y se escabulló de ese lugar, llegó a la casa, era inmensa, tenía más puertas que una iglesia. Tocó muy fuerte, escuchó una voz que le atendió el llamado.
—¿Quién es? ¿Leonora? Vaya no te quedas quieta en un solo lugar. —dijo Ibrahim, dirigiéndose a la puerta.
—Buenas, ¿Cómo estás Ibrahim?… Soy Sharis.
—No puede ser posible… ¿Por qué estás aquí? ¿Quién te dijo donde me encontraba?
—Eso no importa, ¿No me invitas a pasar? No te comeré, lo prometo. Me escapé
del grupo para venir a verte, pero... —expresaba Sharis, mientras tomaba asiento —Más que eso vine a pedirte perdón de rodillas, por haber hecho toda aquella monstruosidad, de haberlo sabido me habría resignado, pero no soy la única culpable Ibra, de verdad me siento así, terriblemente odiada por mí misma.
—Ahora que estás sentada, y después de haberme dicho todo eso, puedo decirte… que yo me arrepentí por los dos. Ya no tiene sentido hablar de eso, si ese será un secreto entre tú y yo, nadie, ¿me oyes? Nadie debe saberlo.
—Lo sé y me arrepentí mucho, aún mis lágrimas las saboreo con amargura cuando pienso en eso… Yo abusé de tu castidad y eso debe ser imperdonable, pero tu corazón es tan bueno que me has perdonado, no obstante, lo peor es otra cosa, los pensamientos, los recuerdos están allí, latentes como si no pasara el tiempo.
—Deja ya de mortificarte por eso, Sharis, eso es pasado.
—Pasado que se vuelve presente, una y otra vez, perdona Ibrahim, tú fuiste tan bueno conmigo, con mi familia... —le decía Sharis, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. —Debo marcharme… pero no lo haré antes de decirte que a pesar de todo yo sigo amándote con todas mis fuerzas, sé que está mal sentirlo, pero debo ser sincera conmigo misma y contigo, me enamoré de ti, de tu forma de ser, solo que la mente no manda en el corazón.
—Fue algo inesperado, las cosas pasaron y ya… Necesitamos seguir adelante, tú con tu carrera de modelo, que por cierto, ¡Te ves muy bien!
—Gracias, en el fondo sé que yo te gusto, pero tu vocación por el sacerdocio siempre estará primero. Solo quisiera pedirte una cosa. Tal vez, no lo merezco pero...
—¿Qué será?
—¿Puedo darte un abrazo de despedida?
—Eso no es conveniente… lo sabes. El contacto físico no debe pasar entre nosotros —aclaró Ibrahim.
—Por favor, no volveremos a vernos… Será como dos amigos o mejor cuando abrazas a tu hermana, algo así —Sharis convenció al seminarista.
—¡Ven, abrázame! Ibra, no pasa nada, es solo un segundo.