Sharis visita a su padre.

1994 Words
Llegado el momento Ibrahim pasó cerca del barrio, ella se veía a lo lejos, se estaba acercando al sitio donde siempre se encontraban, cuando él la vio se quedó sorprendido, la chica estaba muy hermosa, traía puesto algo muy ligero, con falda ancha a su medida, bien peinada, lucía muy bien, Ibrahim no pudo comentar nada, no era prudente, aunque quisiera, no podía hacer eso. — ¡Hola! ¿Lista para enfrentarnos al ogro de tu padre? — Lista, ¿Cómo me veo? ¿Te gusta cómo me quedó este vestido? — Sharis deja de ser presumida, basta con esas vanidades… vamos andando, debemos tomar un taxi y llegar antes de su salida, podemos perder el viaje. — ¡Sí, vamos no debemos perder tiempo! Ambos salieron en busca de lo planeado, llegaron a la oficina, preguntaron a una mujer que estaba sentada detrás de un escritorio: — Señorita, buenas tardes, ¿puede darnos usted una información? — Claro joven a la orden, díganme… — ¿La oficina del señor Briche? —preguntó Ibrahim. — Es aquella que está al final del pasillo. —le indica la mujer, señalando con la mano. — Muchas gracias señorita es usted muy amable. Los chicos salieron apurados de la recepción, el pasillo era bastante largo, se notaba algo lujoso, pulcro y muy brillante. Llegaron frente a la puerta, Ibrahim decidió ser él quien tocara a la puerta, salió una chica delgada, bien presentable, con altos tacones y un cabello rubio largo. — Hola, saludó la chica, estás muy guapo, ¿a quién buscas? — Buscamos al señor Briche, por favor, señorita. — ¿Ves esa puerta? Ahí puedes encontrarlo, me encantaría dejarles pasar por un momento, pero antes, debo avisarle. La secretaria tomó el teléfono que estaba sobre su escritorio e hizo la llamada. — Señor Emilco, aquí hay un par de jóvenes, pidiendo hablar con usted… ¿Los dejo pasar? — Pero, ¿Cuáles son sus nombres? Pregunte por favor —le aclaró Emilco a la secretaría. — Sus nombres por favor, debo anotarlos en esta libreta de visitas, disculpen. — No debe preocuparse, dígale al señor que aquí está su hija, Sharis Briche buscándolo para hablar con él, y yo soy Ibrahim Lincolai. —Responde el joven. — Señor es la señorita Sharis y el señor Ibrahim Lincolai, diga ¿Los hago pasar? — Sí, hágalos pasar… ¡Ah por favor señorita, que nadie nos moleste! Los jóvenes entraron a la oficina del señor Emilco, la sorpresa que se llevaron los dos, padre e hija, era para quedar grabado en la historia, la chica al verlo, se sorprendió de una manera insólita, era idéntica a su padre, no podía negar el parecido, sorprendente. Él no hallaba que hacer o decir, los ojos les parpadeaban a Sharis de los nervios, el padre tenía esa misma forma de demostrar el nerviosismo. Ibrahim al verlos, sin decirse una palabra, decidió romper el silencio. — Señor Emilco, le presento a Sharis Briche. Señorita Sharis, le presento a su padre… — Buenas tardes, señor, papá… Digo Briche, encantada de conocerlo —Sharis estaba muerta de los nervios. — Buenas, ¿Es usted mi hija Sharis? — Disculpe señor Emilco y… ¿todavía le pregunta? no le ve el rostro, lo parecido que son ambos, nunca he visto a alguien dudar de una persona siendo como dos gotas de agua, creo que la pregunta sobra… ¡Vámonos de aquí, Sharis! Es increíble este hombre, cómo puede dudar de su parentesco. — No Ibrahim, no he de irme, yo necesito aclarar las cosas con este señor, ahora mismo sin perder más tiempo, ya pasaron casi 17 años, me parece que es mucho tiempo, tenía tres años apenas y mi hermano dos y todavía debo irme sin hablar con él, no Ibra de aquí no me retiro hasta terminar con esto. — Mejor será sentarnos… les digo, no dispongo de mucho tiempo, tengo una reunión de negocios. — Vaya, con el tiempo… Mire señor, necesito una explicación, usted nunca nos buscó para saber de nosotros, si estábamos bien o no, si moríamos de hambre o andábamos como los indios, casi sin ropa, no le importó la vida, el trabajo que podíamos estar pasando, mi vida se volvió un infierno por su culpa. — Imagino que tu madre te metió todo lo malo de mí, pero ella me abandonó, los arrebató de mí, su padre, ¿Que podía hacer? Nunca más me dejó mirarlos ni por una ventana, se encerró en su mundo y me dejó a mí por fuera. Ella quiso cobrarme todo lo que le había causado, el dolor, las golpizas… Yo me arrepentí, fui a buscarla pidiéndole perdón, no me escuchó, solo me dijo “No deseo verte nunca más y a mis hijos tampoco” esas fueron las últimas palabras que quedaron en mi cabeza, jamás las olvidé. — No justifico a mi madre, pero, ¿Qué culpa teníamos nosotros de sus desavenencias? Éramos unos niños inocentes, no entiendo por qué no luchó por nosotros, no fueron a eso sitios donde los padres separados ven a sus hijos. — Yo, Sharis, quedé destrozado, por un tiempo las drogas y el alcohol casi acaban con mi vida, esa mujer, la que es ahora mi esposa me sacó del fango, del hueco donde estaba hundido… Todo se lo debo a ella, pero a tu madre, a ella no la quiero ver nunca más —Emilco manoteaba mientras gritaba. — Tengo entendido señor, que usted se emborrachaba y la golpeaba, tuvo tanta culpa como ella… No justificaré a ninguno de los dos, mi vida también ha sido un fracaso, ayer cumplí 19 años es como tener cinco o seis, las drogas, el alcohol, la violación de un tío, comer desperdicio en la calle, recogerlos y tener que llevar esa basura a casa, ¿eso le parece bien?… ¡No, señor! Nunca dejaré de pensar en lo egoísta e injusto que ha sido con nosotros. ¿Diga cuál de los hijos, que tiene ahora ha hecho lo que yo hice? Claro, ninguno. — Perdóname Sharis, pero esta otra familia me ha llenado de alegría y satisfacción —aclaró Emilco. — Por supuesto… Mientras la mía solo ha visto desgracias, usted ve a ese hombre que está allí, ese joven, Ibrahim me sacó de las calles, de los sitios donde bailaba semi desnuda para poder comprar algo de comida, ese hombre merece mis respetos y el de mi familia, ha ayudado a la gente del barrio, pero usted, ¿Qué ha hecho por nosotros…? ¡Nada! Y, ¿sabe qué? Lo odiooo, con todo mi corazón, es usted un hipócrita… ¡Váyase al infierno! ¡Púdrase! Sharis, salió hecha una fiera de la oficina de su padre, sacó todo ese veneno que la estaba consumiendo, desde hacía mucho tiempo, tenía que decirle todo lo que sentía, el carácter de Sharis dejó a Ibrahim boquiabierto, jamás se imaginó, ver a su amiga de una manera tan grosera, tan fuera de sí, pero en el fondo, sabía que Sharis, debía sacar todo ese dolor que la estaba consumiendo poco a poco, pasó mucho tiempo y lo tenía guardado para soltarlo el día que viese a su padre de nuevo y fue justo ese día, estaba predestinado. Ahora que pasará con esta situación, Ibrahim será el mediador entre padre e hija. —Señor, disculpe a Sharis, nunca la había visto de esa manera, me dejo atónito… ¿De quién sacó esa mujer tanto coraje? Mejor no lo diga… lo imagino. —No se lo imagina, usted ve a la madre de Sharis tranquila, pero es una mujer de armas tomar. —Lo siento, todo fue mi culpa, no debí involucrarme en estos menesteres de familia, pero la vi tan desesperada que no pude negarme. —No muchacho, en estas cosas los culpables somos nosotros mismos madre y padre. Ella solo es una víctima de nuestros errores. —¡Ahí si tiene toda la razón, señor Briche! —A propósito, muchacho, ¿tú eres el novio de mi hija? Te considero, tendrás que domar esa fiera. —¡No, no es mi novia!, somos amigos, nosotros no tenemos nada de amoríos, no piense lo que no es, esa es otra historia, la mía no tiene nada que ver con Sharis, como ella dijo, solo la encontré y la estoy ayudando nada más… — Gracias, ¿sabes que recordé tu apellido? tu padre es ¿Romano Lincolai? — ¿Sí señor, de dónde lo conoce usted? — Estudiamos juntos un par de años, yo me fui por el negocio de la ropa y él por el del alimento, que contraste, soy ingeniero como tu padre. — ¿Usted conoce a mi padre? ¡Qué pequeño es el mundo! Conoce a mi padre y yo, conocí a su hija. Por un momento Ibrahim se quedó pensativo, ¿era como una coincidencia o destino? Se le hizo un signo de interrogación en su mente. El señor Emilco lo sacó de sus pensamientos. — Conozco a su padre, debe acordarse de mí, éramos amigos, pero yo me vine a Estados Unidos y él se quedó en Londres. — Vaya esto sí que es una sorpresa, «cuando mi padre se entere de esto, mejor no decirle nada por ahora» —pensó Ibrahim, para que las cosas no tomen otro rumbo. — Bueno muchacho si hablas con él, salúdalo de mi parte, dile a mi hija que cuando calme la fiera que lleva dentro, si desea venir de nuevo y hablaremos con más calma. — Por su puesto señor, así lo haré, y perdone todo, nos veremos pronto. — ¡Ah muchacho! Tu padre… ¿Siguió construyendo iglesias católicas? Es su sueño o ¿ya no lo es? — Sí, lo es aún, construye junto a mi hermana iglesias, ella es ingeniero y trabajan juntos. — ¡Que sorpresa, católico como él nadie…! ¿y tú que haces en este país? — Estudio y trabajo… Todo está bien. — Puedo decirte algo con seriedad, mi hija está muy hermosa, se ve como toda una modelo… Pero siento mucho todo lo que tuvo que sufrir, no me lo he de perdonar nunca. No merecía pasar por esto. Debo reparar el daño. — Debo alcanzarla, debe estar afuera esperándome, no conoce muy bien esta parte de la ciudad. Adiós, hasta pronto, hablaré con ella. Cuando Ibrahim salió de la oficina, Sharis estaba sentada pasando la rabia por la discusión con su padre, Ibrahim se acercó le llamó la atención y ella se levantó, decidieron salir del sitio, tomaron un taxi, en el camino hablaron todo lo referente a la discusión, Ibra le comentó lo de su padre, pero ella no lo tomó en cuenta, siguieron hasta la casa, la madre estaba esperando a Sharis al verla le dijo con buenas palabras. — Hija estas hermosa, pero tu poco maquillaje está regado en toda tu cara, ¿Qué pasó? — Hablé con mi padre, fue una gran discusión, me quedé impresionada madre, ese hombre es igual a mí… Madre le dije todo lo que llevaba por dentro, no pude contenerme, se lo dije todo, él se ofendió mucho, fue horrible. — ¡Hija, pero no tuviste ni un poco de educación con ese señor! Sharis es impresionante, padre e hija enfrentados, fuiste con Ibrahim, ese pobre muchacho tuvo que presenciar todo eso, bueno hija ya el paso está dado, debes volver y hablar con él, te daré un consejo, puedes ganarte a tu padre, diciendo algo sobre sus ojos. — Mamá, esperemos que esta vez pueda mi padre comprenderme mejor. — Lo hará… Eres una mujer muy hermosa, debes controlar un poco tu carácter. — Eso dijo mi padre, soy hermosa. La familia Briche, estaban convencidos del paso dado por Sharis, gracias a Ibrahim todo se estaba organizando. Las casualidades existen, quizás sea cierto, pero el señor Emilco conocía al padre de Ibrahim, eso fue una gran sorpresa.
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