Stacy:
—¿Me puedes decir por milésima vez que hacemos aquí?
Dylan a un lado mío rueda los ojos.
—Veníamos a divertirnos —dijo pausadamente, pero por lo que pude escuchar bien e incluso también conocerlo de toda la vida, supe que estaba
molesto.— Pero ya me la estás amargando con tus preguntas, Stacy.
Las letras color neón me encandilaban los ojos y por lo que pude llegar a leer, su nombre era Dance and Drink.
Al parecer, el dueño tiene muy poca imaginación para elegir nombres.
Entramos y el olor a alcohol entra en mis fosas nasales, e inmediatamente frunzo mi nariz. Algunas personas se encontraban en la pista pasandola bien, otras bebiendo y otras estarían enrrollandose por algunoa esquina de la discoteca.
Dylan que no había soltado mi brazo en ningún momento, me arrastró hacia la barra a por bebidas.
—Hola guapo, ¿alguna recomendación?
Dice este, que en cuanto observó al Barman, se recostó en la barra, peinando sus cabellos dorados con coquetería.
Mi querido mejor amigo era bisexual, y no le importaba lo que los demás pensaran de él, tal vez es una de las cosas de las que más me enorgullece de él.
Después de unos segundos, Dylan me ofrecía una bebida, que por supuesto era alcohol.
—¡Es indignante!
Enarco una ceja.
—¿Qué..?
Y entre los gritos de las personas y la canción de Imagine Dragons que se encontraba a un alto volúmen, pude escuchar el grito ofendido de Dylan.
—¡Le van las tías! ¿¡Puedes creerlo!?
Ruedo los ojos.
—Lo creo —dije. Él me fulmina con la mirada—¿Qué?
—¿Por qué no puedes ser una mejor amiga normal y me consuelas?—me reprocha— Un "es un hijo de puta, Dylan, no te merece" me bastaría.
Lo miro con incredulidad.
—Respondiendo a tu pregunta, no, no te consuelo por que no lo necesitas, en unos minutos ni siquiera te acordarás de él—le confirmo con pesadez.— Además, ¿por qué me preguntas si no quieres saber la respuesta?
Ignorándome me toma del brazo y me lleva hacia unos asientos, nos sentamos y en cuestión de segundos mi teléfono comienza a vibrar. Era una llamada de Papá así que con extrañeza contesto la llamada.
—Hija, que bueno que contestas, ¿Dónde estás? Nita y yo estamos preocupados, ¿vendrás a cenar? Nita ha hecho unos espaguetis deliciosos. —al otro lado de la llamada pude escuchar una risa femenina, frunzo el ceño.
—Estoy en una fiesta, papá, no me esperes, disfruta tu cena con Nita.
Se escucha un silencio al otro lado de la llamada.
—Hija...
Corto la llamada.
Una de las cosas más íncomodas que he presenciado en la vida es saber que mi padre está enrollandose con una de las empleadas.
Estoy feliz que haya dejado atrás su tristeza y depresión por el divorcio de él y mi mamá, y que lleve una vida activa después de esto pero ¿en serio? ¿Una empleada?
Y lo peor de todo es que es Anita, la mujer que estuvo presente desde mi niñez, mujer que era la mejor amiga de Mamá. Y es lo que más me desconcierta de todo, dejó atrás su fidelidad de años con su mejor amiga por su ¿ex esposo? Cosa que me hace olvidar todo lo que hizo por mí estos años. La odio y a él también, son unos malditos traidores.
—¿Estás bien?
Podía sentir la mirada de Dylan sobre mí.
—Lo estaré.—afirmo.
—Ven acá, solecito.
Dijo el castaño con ternura mientras me atrae a sus brazos.
—No me digas así.
Odio ese apodo
—¿Podrías dejar de ser irritable y
callarte?—se queja mientras me abrazaba y me mesía como si fuera un bebé.
—Estamos haciendo el ridículo.
Intento romper el abrazo pero él no me hacía el trabajo fácil.
—Sh sh sh
A regañadientes dejo de forcejear, y durante unos segundos de silencio entre los dos, donde sólo se escuchaba la música y los gritos de las personas en la pista él me suelta.
Toma mis mejillas con sus grandes manos y me observa con una sonrisa.
—Eso es, ahí está la Stacy amargada de siempre.
Pongo los ojos en blanco.
—Idiota.
Me observa con diversión.
—Idiota y completamente tuyo, solecito
Y por primera vez en la noche sonreí.
Lucas:
—¡Lucas!
Sonrío, le tomo de las caderas y la llevo a mi cama, la morena cae en esta y suelta una risa traviesa, yo también río, pero por la larga y entretenida que será esta noche.
Me subo arriba de ella y la beso con desesperación, esta me corresponde sin dudar y de un momento a otro mi celular comienza a sonar, me separo de la chica, que se encontraba enojada por tal interrupción. Y como si me hubieran arrojado un balde de agua helada, todo rastro de exitación se va a la mierda al ver una llamada entrante de mi madre.
La tomo sin dudar.
—Hijo, ¿cómo estás? ¿va todo bien en Madrid?
— Sí, muy bien, ¿cómo va tu trabajo en Los Ángeles?
Observo de reojo a la morena, ella se encontraba mirándome enojada.
Adiós noche divertida
—Maravilloso, hijo, hay algo que debo contarte, es importante.
—Espera un momento mamá, debo hacerme cargo de algo.
Dejando el teléfono en la mesa de noche, me agacho en el suelo y recojo la ropa de la chica, esta me mira confundida.
—Emm Luisa creo que...
—Es Leila.
Nunca he sido bueno para los nombres.
—Sí, eso, Leila creo que deberías irte —dije tomando sus manos, haciendo que se levante de la cama.
Tomo su bolso y sus cosas y se las ofrezco, esta las toma confundida.
—Pero...pero estábamos en algo.
Suspiro
—Sí, lo sé, esos pequeños momentos fueron maravillosos, pero como dije anteriormente debes irte.
La tomo de los hombros hasta que llegamos a la puerta.
—Pero...
—Nena, ya te llamaré —le digo con una sonrisa fingida.
Leila me mira confundida y molesta.
¿Se puede estar así al mismo tiempo?
—No tienes mi número y...
Y antes de que pudiera seguir hablando le cierro la puerta en la cara.
Subo las escaleras con destino a la habitación a por el celular.
—Gracias mamá, acabas de arruinarme mi polvo de hoy—dije irónico.
Tomo el celular y finalmente hablo:
—Listo, ¿que es ese algo tan importante que tienes para decirme mamá?
—Hijo, debes volver a Londres.
—¡¿Qué?! ¿Estás bien?—pregunto.
—Sí, lo estoy...
La interrumpo— ¿Qué ha pasado, Mamá? ¿Te han despedido? ¿Es eso? Sabes que puedo conseguirte un trabajo mucho mejor aquí en los ángeles...
—No, no es eso, no me han despedido, es otra cosa.
—¿Y entonces?
Se hace un silencio extraño por lo que intento preguntar hasta que Mamá me interrumpe y no sabía lo estremecedor que serían esas palabras para mí.
—Me voy a casar, Lucas.