Celeste. —Bien. —estamos sentados de frente mirándonos—. Deben firmar acá y acá y ya estarían divorciados legalmente. —agarro la lapicera y cuando veo que llora me muero por dentro, tiembla acomodando la hoja y así firmar. —Si. —se pasa las manos por la cara secando las lágrimas que no paran de salir, cuando va a firmar le agarro la mano haciendo que me mire. —¿Vas a cambiar?. —también me paso la mano por la cara donde también lloro con dolor—. ¿Me prometes no hacerlo mas en la casa?. —¿Me das una oportunidad?. —sonríe con mucha pena. —Manuel no se trata de nosotros solos, tenemos hijos ahora y velamos por ellos. —no quiero mirar a los abogados porque sé que su cara debe ser un poema, llegar a esta instancia para darnos una oportunidad—. Cuando éramos solos los dos soportaba toda esta

