La idea de volver a pasar tiempo juntos los había ilusionado a todos. Pato había viajado junto a May en una especie de luna de miel fabricada, ya que la llegada próxima de su hija había pasado la idea de casamiento a un lugar remoto. No sentían la necesidad de formalizar lo suyo, ella era abogada y conocía muy de cerca demasiados enfrentamientos por divorcios. Había conocido a Pato cuando aún estaba sumergida en el dolor de la pérdida de su hermana, se había enamorado de él y había sido un sentimiento tan fuerte que habían logrado vencer todas las dificultades a las que se habían tenido que enfrentar. Él la había rescatado del dolor y ella lo había salvado del pasado. Por eso estaban felices de pasar sus días juntos, de continuar con la labor solidaria que realizaban en Buenos Aires y si

