Había estado pensando todo el día en cómo podía solucionar el tema con Camila. Si bien me había faltado el respeto las innumerables veces en las que me mandó esos mensajes sexuales, debo reconocer que como hombre me provocaban erecciones y no podía dejar de sentirme ofendido y hostigado. El haber hablado con Javier me dio la certeza de que debía hacer algo con lo que nos estaba pasando y se que si uno de los dos no se detiene en cuanto al otro, las cosas irían a terminar peor. Teniendo en consideración que ya estaban más que mal. Luego de meditar y releer alguno que otro mensaje de Camila, para tener el valor suficiente para hacer lo que había decidido, es que me encaminé al tercer piso para hablar con Felipe, el profesor de Psicologia, para pedirle que me cediera a Ayala para un trabajo

