4. No me llamo Cony Armando Cuando entro al restaurante, busco por el lugar para encontrar a mis amigos. Escaneo el sitio, pero en mi mente solo está el recuerdo de la bella chica que acabo de reencontrar. Me ha alegrado la mañana. —¡Ey, por acá! –mi amigo Sergio levanta la mano y los veo. Camino hacia su mesa con una sonrisa. Siento que me duelen las mejillas de tanto sonreír. —Te tardaste. –me dice mi amigo. Quedamos de vernos más temprano, pero se me complicó llegar. Tal vez si lo hubiera hecho, me habría encontrado con la sexy pelirroja más temprano. Pero debo resignarme con haberla visto. Estoy seguro de que hay un motivo para eso. —Tenía que hacer algunos pendientes de mi papá. ¿Ya ordenaron? –ambos asienten, así que tomo la carta para revisar que pedir. Escojo algo se

