La brisa marina acaricia mi rostro, fría, salada y a la vez dulce y tibia, las gotas de agua comienzan a caer desde el cielo, ambos reímos. Me pongo de pie y comienzo a girar con los brazos abiertos; siento su mirada sobre mi pero todo lo demás desaparece, una sensación de calidez me invade y yo quiero quedarme ahí. Y de pronto una sombra se va apoderando de todo, consumiéndose en una especie de túnel que en cuestión de segundos ha desaparecido, dejándome a oscuras. Escucho el trinar de los pájaros en la ventana, el calor del sol se cuela por la ventana hasta mis pies. Abro los ojos y veo todo borroso. Enfoco un par de veces hasta que puedo ver todo con claridad. Me siento en la cama tocando el suave algodón de las sábanas amarillas debajo de mi. Observo las puertas de vidrio que dan al b

