Esta sirenita regresa al océano

2040 Words
Llegué a casa con la sensación de que la burbuja en la que vivía con Vincent estaba a punto de explotar. Sus palabras continuaban repitiendo en mi cabeza como un eco o mejor dicho, como las olas estrellándose con las piedras una y otra vez sin darse cuenta de que no podrán avanzar. —¿Te encuentras bien? —Liz me observó con el ceño fruncido al verme llegar. —Ujum —asentí. —Creí que hoy te quedarías con Eric por lo de la fiesta.  —Sólo estaba cansada y quería regresar. —¿No es un poco temprano para estar cansada? —Liz me observó con fijeza. Ella me conocía muy bien y podía oler desde lejos cuando mentía— ¿Y dónde está Vincent? —Sigue en la fiesta, para mi… simplemente… fue demasiado —ella continúa mirándome con el ceño fruncido— Además, estaba demasiado aburrida donde todos lo que hacen es hablar sobre números, acciones, el alza y la baja. —Intento justificarlo aunque una parte de mi se decepcionó porque no me acompañara a casa, después de todo habíamos llegado juntos a la fiesta. —¿Seguro que estás bien? —coloca su mano sobre mi mano y me da un suave apretón que de alguna forma me reconforta, saber que ella está ahí para mi. —Si —asiento un par de veces— Solo quiero recostarme, fue demasiada champaña. Buenas noches —deposito un beso en la frente de Liz y me marcho a mi habitación rehuyendo al interrogatorio que seguirá si me quedo ahí. Y ese es solo el principio de lo que me aguardaba a su lado. De a poco fui perdiendo la voz junto a él. Me fui convirtiendo en una especie de trofeo, entendí muy tarde que él se convirtió en mi Eric y yo en su sirenita, una que se vio obligada a dejar la cola y perder su voz para permanecer a su lado. Que aunque no lo pidió expresamente tampoco lo impidió. Cada vez más me fui alejando de mi círculo de amigos, pocas veces salía con Alice y Mark e incluso con Liz; porque siempre había una reunión con personas importantes para el trabajo de Vincent, así que no podía faltar para estar ahí para él y de resto quería tiempo a solas con él. Sin embargo, a pesar de que me sentía como pez fuera del agua, lo soporté. ¿Cómo no lo mandé a la mierda?, es una pregunta que probablemente te hagas en estos momentos, bueno, si vieran sus ojos no serían capaces de hacerlo, si sus suaves labios las besaran se lo pensarían dos veces y si despertaran entre sus brazos después del mejor sexo de sus vidas, entonces en definitiva estarían dispuestas a dejarlo pasar.  ¿Quién es la responsable de todo esto? Yo no por supuesto, es que la culpa es de mi madre por leerme esas historias de amor y llevarme a ver esas películas de cuentos de hadas. Hubo una época en la que fantaseé, como muchas niñas de mi edad, con ser Ariel y encontrar a mi Eric, pero nunca pensé que para ello tendría que renunciar a una parte de lo que era. ¿El punto de inflexión? Fue provocado, totalmente provocado eso no puedo negarlo, pero es que cuando hay alcohol de por medio el filtro entre tus pensamientos y tu boca se vuelve minúsculo, en especial el mío. Pero no les seguiré adelantando.  Regresamos de cenar con sus amigos en The Top of the Standard en la azotea del Hotel Standard, desde ahí tenías una de las mejores vistas de Nueva York, no podía esperar menos de un montón de hombres que trabajaban en la bolsa. Entre conversaciones de acciones y el club de golf, los tragos fueron desapareciendo mientras yo me limitaba a sonreír y asentir de vez en cuando. Al llegar el momento de marcharnos y regresar a su apartamento agradecí en silencio al universo por ponerle fin a mi calvario.  Eric estaba de muy buen humor, buenas propuestas surgieron de esa cena, así que destapó la botella de whisky y sirvió dos tragos, uno para él y otro para mi, en ese momento pareció ser la mejor opción. Mezclar vino con whisky no es la idea más inteligente, pero lo hice, ambos lo hicimos. Llevábamos la mitad de la botella cuando el recuerdo de su comentario durante la cena llegó a mi mente. En un descanso de su concurrente tema de negocios, hablaron de deportes, en esta ocasión acerca de la carrera de la Fórmula 1, estuvo muy reñida, Hamilton celebraba su victoria y Vettel disminuía posiciones. Yo hice una pregunta acerca de lo que hablaban sólo para ser invitada a formar parte de la conversación, porque estaba comenzando a pensar que era muda. Pero como soy una gran fanática de la escudería Ferrari pensé que era la oportunidad perfecta para recuperar mi voz, al hablar de un tema sobre el que si tenía conocimiento y experiencia. —Cariño no estamos hablando de vestidos —Vincent dijo con la condescendencia con la que le dices a un niño que los adultos están hablando y debe permanecer en silencio. Las risas de sus amigos acallaron mis opiniones; sé que había sido una broma apoyada por los tragos, pero me afectó. Perdí la voz en ese momento, antes le hubiese cruzado la cara de un buen guantazo, no lo hice, simplemente cerré el pico y me senté, escuchando la conversación de los nuevos labiales de Kylie Jenner que llevaban las novias de sus amigos, mientras ellos proseguían con su conversación sobre la Fórmula 1. Una vez en el apartamento no pude evitarlo, así que estallé, necesitaba respuestas. —Vincent —me detuve frente a él haciendo a un lado la botella. —¿Qué ocurre cariño? —Estaba bastante achispado por el alcohol al igual que yo. —¿Tú lo que quieres es que sea Ariel cierto?  —¿Quién? —Me observa confundido como si hubiese perdido la cabeza, lo que no sospecha era que en efecto estaba a muy  poco de hacerlo. —Ariel ¿la sirenita? —pregunto y él niega dando a entender que no entiende de quién hablo—. Quieres que no tenga voz. Quieres a tu lado un trofeo que asienta y sonría. ¿Piensas que soy inteligente? ¿que tengo una postura crítica de la vida? O ¿crees que todo lo que todo mi conocimiento se limita a la moda? —se que en el cuento él no le pide que renuncie a nada, pero el alcohol saca todo lo que estuve pensando estos meses. Y él no había hecho nada para que recuperara mi voz o mi cola. Porque era diferente a él, ambos lo sabíamos, pero creí que justamente por eso habíamos coincidido. —Cariño es muy tarde… —¡Responde! —elevé la voz. Y debo admitir que fue mi responsabilidad que todo se viniera en picada, de haberme mantenido en la ignorancia tal vez hubiese disfrutado de ese cuento de hadas durante más tiempo. Después de todo a Ariel no le fue tan mal ¿o sí? —Trabajas en una revista en una sección donde todo se trata de algo tan trivial como la moda. Elegiste eso para forjar tu carrera y tu vida. Simplemente somos diferentes. —Tal vez para ustedes su respuesta no haya sido tan grave. En este caso aplica “no es lo que dices sino cómo lo dices”, porque el tono despectivo en su voz fue la gota que derramó el vaso y mi vaso se estuvo llenando durante demasiado tiempo, tarde o temprano se derramaría. —Debes estar bromeando —respondí aún incrédula a lo que sucedía. —Vamos a la cama cariño. No es gran cosa. No me importa que seamos tan diferentes. Antes era más evidente, pero ahora pareces haberte acoplado bastante bien a mi entorno. —Se acerca para llevarme a la cama y yo retrocedo sintiendo como todas las palabras que no dije en estos dos meses se acumulaban en mi garganta—. Me gusta que seas comedida cuando estamos con los demás, en general me parece que la pasamos bien. Eso es lo importante ¿no? —¡Te gusta que no tenga voz! Lo sumisa que me veo frente a todos —estallé no pude reprimirlo más—. Antes era yo misma. No tenía porque acoplarme a tu entorno, pensé que esa fue la razón por la que te interesaste en mí en primer lugar —dije haciendo comillas imaginarias—. Debiste permitirme ser yo sin tener que renunciar a lo que me hacía diferente, pero creíste que no era lo suficiente inteligente. —Yo no dije eso.. —se rió. Y lo vi todo rojo porque esa risa me hizo ver lo que no decía. No pensaba que fuese lo suficiente inteligente porque lo que él hacía si representaba intelecto. Le escuché muchas veces hablarlo con sus amigos. —¡Ve a cogerte tú mismo! A ver si eres lo suficientemente inteligente para hacerlo —todo el cuidado que había tenido hasta entonces desapareció— ¿Piensas que no soy inteligente para escribir acerca de moda? ¿Qué no sé de deportes? —me reí— Me gradué con honores en Periodismo en la Universidad de Boston. He visto la Fórmula 1 con mi padre desde que tenía siete. Sé de carreras, de fútbol, béisbol, incluso tenis. Pero tú ni siquiera te tomaste la molestia de averiguarlo porque asumiste que al ser mujer y escribir sobre moda, no sabría nada más. —Celine no hagas esto y menos a esta hora. —Lo siento Vincent, pero decidí recuperar mi voz. No vales lo suficiente como para perderla. —No seas tonta y vayamos a la cama. Mañana hablaremos de esto —intenta de nuevo con gesto conciliador pero yo ya tomé una decisión, la venda que llevaba se había caído. —¿Tonta? Fui una tonta al dejar que me callaras. Ahora estoy siendo inteligente en lugar de seguir perdiendo mi tiempo aquí. Tengo fuertes sentimientos por ti y confieso que estaba buscando una historia de amor y seguiré buscándola, pero este no es el lugar dónde la encontraré. Lo siento Vincent, no ando en busca de un Eric ni yo me convertiré en una Ariel. Él se queda de pie sin moverse con el brazo a medio camino entre él y yo, mirándome confuso con la mención de Eric y todo lo que recién dije. Así que aprovecho ese momento para marcharme de ese lugar y nunca volver. Llegado este punto quizás algunas descubran que tuvieron un Eric en sus vidas y ya la historia de la Sirenita no les resulte tan atractiva. Como dije al inicio yo era una fiel seguidora de esta historia, pero ahora que la viví en carne y hueso, no tanto; perder parte de ti, perder tu voz para estar con alguien no debería permitirse. Porque supongo que si alguien te ama en verdad querrá escuchar cada cosa que tengas para decir y nunca tendrías que renunciar a eso que te hace ser tú. En este caso era mi opinión respecto a todo y eso permití que me arrebatara. Quienes me conocían sabían que me gustaba debatir acerca de todo, incluso del clima, me parecía una oportunidad perfecta para establecer relaciones significativas con alguien, pero me dejé cegar por la belleza haciendo a un lado lo importante. ¿Después de eso? Comencé a convencerme de que los príncipes azules no existían, sólo estaban en cuentos y películas de Disney, dedicados a distorsionar la mente de muchas niñas como yo lo hice. Pero a partir de ese momento todo cambió, quisiera decir que de golpe, pero abandonar fuertes creencias no es nada fácil y aunque conscientemente no buscaba un príncipe azul, mi inconsciente se resistía a abandonar sus fantasías. Así que continúe atrayendo a esos príncipes que salen en los cuentos, sólo para ir comprobando que los cuentos y la realidad a veces no son tan diferentes, sólo que quizás el problema es que no soy la princesa del cuento.
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