Daniel también se sentía culpable, había logrado un avance con ella y luego dio dos pasos para atrás. No sabía cómo contener el torrente de emociones que sentía hacia Deanna. No sabía cómo hacer para acercarse o tratarla de la mejor manera posible, estaba enredado entre sus sentimientos y su lógica. Se negaba a si mismo lo que sentía, porque en su cabeza una relación con una mujer como ella estaba fuera de discusión. Con las clases de canto parecía que Deanna estaba volviendo a sonreír más, tal vez debía liberarla un poco de las “obligaciones” y ser flexible con las reglas. La encontró sentada afuera, cubierta con una manta y escuchando música, se acercó y sin decir nada se sentó a su lado. Ya habían desarrollado esa costumbre. - Lamento lo que ocurrió el otro día con tus clases – -

