Mi carrera matutina atenúa el malestar persistente del fin de semana de la empresa de Wheaton sólo temporalmente. Para evitar las caras sombrías del lunes por la mañana, pido un taxi y entierro la cara en el periódico hasta que el taxi llega a la oficina. Inmediatamente, presiento la fatalidad cuando entro en la sala de recepción de Wheaton, ni siquiera la pintoresca vista de la ventana me calma los nervios. Continúo hacia el aseo de señoras cuando los mocos de un retrete me detienen en la puerta. Vacilo en irme, pero me quedo helada cuando la puerta del cubículo se abre y Kayla sale con los ojos enrojecidos. Nunca la había visto llorar. Hace falta mucho para romper el caparazón de Kayla, así que, sea lo que sea lo que le pasa, debe de ser grave. "¿Kayla? ¿Por qué lloras?" Mis palabras pro

