Kayla no puede estar muerta. Las náuseas me suben a la garganta con la imagen mental de Kayla cayendo por el frío barranco. Me tapo la boca y fuerzo la acidez con lágrimas incontenibles. Mientras me acurruco en el asiento trasero del coche patrulla, la voz insensible del asesino resuena en mi oído. "Sra. Powell, sé quién es y dónde vive". El asesinato sin sentido de Kayla me ha dejado furiosa, temerosa e inconsolable. Ayer, cuando salí de su coche, tuve la premonitoria sensación de que sería la última vez que la volvería a ver, confirmada por la ambulancia que había delante. Kayla no puede estar muertaEl coche se detiene en el mismo lugar en el que me quedé paralizada, gira y acelera cuesta arriba para alejarse de Kayla y del hombre armado. La policía inspeccionando la escena del crimen p

