Hilda Se había ido. Me quedé mirando el teléfono. Había estado allí hace un minuto y de pronto desapareció. No había colgado. Estaba casi cien por ciento segura de eso. Había escuchado una maldición, lo cual podría haber sido una reacción válida a lo que acababa de decirle, pero no las otras maldiciones que siguieron. Ni los gritos. Los había escuchado en voces de otros hombres, no solo en la de Aitor. Podría estar embarazada. Mis propias palabras resonaban en mis oídos y la noticia todavía me estaba asustando, pero todo eso pasó a segundo plano frente a lo que fuera que hubiera sucedido al otro lado de la línea. Le devolví la llamada y se fue directo al buzón de voz. —Aitor, necesito que me devuelvas la llamada porque lo que escuché antes de que se cortara me asustó. Por favor. Apen

