Hilda Una de las cosas que siempre me habían gustado de la doctora Rhimes era lo directa que era. Nunca me endulzaba nada, razón por la cual tenerla como mi doctora había sido una de las pocas posturas firmes que tomé cuando mi mamá intentó convencerme de ir a su ginecólogo. Quería a alguien en quien pudiera confiar para que me dijera la verdad y no le dijera nada a mi madre, ni siquiera sin querer. Mamá podría haberles dado batalla a los interrogadores profesionales. Llamaron a la puerta justo cuando terminaba de atarme la bata de hospital. — Adelante —dije. La doctora Rhimes esperó a que la puerta se cerrara tras ella antes de señalar la camilla. — Aparte de la prueba de embarazo que te hiciste, ¿ha cambiado algo de la información que me diste cuando hablamos? Abrí la boca para dec

