Aitor En el segundo en que Hilda me vio, supe que iba a querer irse, así que ni siquiera me sorprendió cuando agarró el brazo de su hermana. Lo que sí me sorprendió, sin embargo, fue cuando Freedom sacudió la cabeza y empezó a caminar hacia nuestra mesa. Mierda. Freedom tenía agallas; había que reconocérselo. Excepto que Freedom no era aquella a la que no podía dejar de mirar. —Qué coincidencia encontrarlos aquí —dijo Bruce con una sonrisa. Se puso de pie y agarró dos sillas de una mesa cercana—. Únanse a nosotros. La primera ronda corre por cuenta del novato. Lo miré con furia. —Yo ya compré una ronda. —Para nosotros —señaló él—. No vas a negarte a invitarles un trago a estas dos encantadoras damas, ¿verdad? —¿Ella tiene siquiera la edad legal? —preguntó Dez—. No queremos meternos e

