Brody No sabía cuánto tiempo llevaba dormido cuando me despertó el teléfono. Lo busqué a ciegas, sin llegar a registrar el nombre en la pantalla antes de responder. —¿Hola? —Una carcajada hizo que me apartara el teléfono de la oreja y me incorporara—. ¿Hola? —Tu hermano es un imbécil de la peor calaña. Fruncí el ceño y encendí la luz. La voz me resultaba familiar, pero no lograba ubicarla del todo. —¿Quién habla? —No me sorprende que no me reconozcas. Parecía que me conocías bastante bien cuando te me estabas tirando. De inmediato, toda la neblina que nublaba mi mente se disipó, y de repente estuve despierto... y alerta. —¿Freedom? —¡Ding, ding, ding! ¡Acertaste! —¿Estás... estás borracha? Otra ráfaga de risas. —Puede que haya bebido un poquitín. Intentaba imitar el acento escoc

