Aitor Esta no era exactamente la forma en que me había imaginado el rescate. Que todo se fuera al demonio, eso casi lo esperaba. Sin importar lo buenos que fueran Cain y los demás muchachos, todos sabíamos que entrar y salir sin que nadie se enterara de nuestra presencia sería virtualmente imposible. Éramos cinco personas entrenadas con armas, radios y una idea básica de a qué nos enfrentábamos. Lo que no teníamos era apoyo externo. Si cualquier equipo militar, especializado o no, hubiera abordado una situación similar, probablemente habrían tenido planos y ojos en el cielo o en el terreno para ver lo que la gente dentro no podía. Lo más probable era que no estuvieran corriendo a través de una puerta, con un civil al hombro, sin saber si habría armas esperándolos del otro lado. El pelig

