Freedom Hilda regresaría a casa mañana por la tarde. Sabía que se estaba divirtiendo y me alegraba por ella, pero no podía evitar ansiar su regreso, aunque solo fuera para tener la certeza de que estaba a salvo. No importaba lo frustrada o molesta que me sintiera cuando tenía que cuidarla; siempre la protegería y velaría por ella, porque eso es lo que hacen las hermanas mayores. Lógicamente, sabía que ya era una adulta, pero aún conservaba los recuerdos de cuando fui a verla al hospital poco después de que naciera. Yo tenía cuatro años, pero la experiencia fue lo suficientemente traumática como para que esas imágenes se me quedaran grabadas a fuego en el cerebro. El pañal que no le quedaba bien porque era demasiado pequeña. Lo delgados que eran sus brazos y sus piernas. Una piel tan fi

