Camila estaba en su oficina, inmersa en los informes de su fundación benéfica. Aunque adoraba su trabajo, no podía evitar sentir cierta presión en los últimos días. La creciente atención en su matrimonio con Samuel y los enfrentamientos constantes con su familia la hacían preguntarse si estaba preparada para manejar las expectativas de todos. Esa tarde, su asistente entró al despacho con un tono emocionado. —Señora Camila, Sara Montenegro está aquí para verla. Camila levantó la mirada, sorprendida. —¿Sara Montenegro? —Sí, mencionó que está interesada en colaborar con su fundación. Camila sonrió, algo nerviosa. Sara Montenegro era una figura influyente en el mundo empresarial, conocida por su inteligencia y su habilidad para construir alianzas estratégicas. —Hazla pasar, por favor.

