El amanecer trajo consigo una calma falsa a la ciudad. La mansión de Samuel, aunque silenciosa, vibraba con tensión. El plan para destruir a Víctor estaba en marcha, pero ahora Samuel enfrentaba una amenaza aún más peligrosa: un traidor dentro de sus propias filas. Y el tiempo apremiaba. En su despacho, Samuel estudiaba los informes que Dante le había entregado la noche anterior. Las pruebas eran claras: alguien cercano a él había filtrado información clave, ayudando a Víctor a atacar a los Valenzuela. Sin embargo, el nombre del traidor seguía siendo un misterio. Dante entró en la habitación con rostro sombrío, su caminar más lento de lo habitual. Samuel levantó la vista, sus ojos oscuros y fríos. —¿Qué tienes? Dante dejó un expediente sobre la mesa y se sentó, visiblemente cansado. —

