El despacho de Esteban Valenzuela estaba envuelto en una atmósfera de silencio tenso. Era una tarde soleada, pero las grandes cortinas oscuras del lugar filtraban la luz exterior, dejando la habitación en penumbra. Esteban revisaba los informes preliminares sobre Samuel, obtenidos de su investigador privado. Los datos confirmaban algunas de sus sospechas: Samuel tenía una red de conexiones impresionante, mucho más sofisticada de lo que aparentaba. Sin embargo, el cuadro seguía incompleto. Un golpe seco en la puerta interrumpió sus pensamientos. Su asistente personal entró, luciendo más nerviosa de lo habitual. —Señor Valenzuela, lo siento por la interrupción, pero... —hizo una pausa, como si lo que estaba a punto de decirle costara salir de su boca—. Alexander Moretti está aquí para verl

