Victoria Un silencio pesado cayó entre nosotros. ¿Cómo demonios habíamos pasado de hablar de su hermana a que me acusara de pensar que quería drogarme? ¿Acaso intentaba convencerme de que era un matón con conciencia? Porque eso no tenía ningún sentido. Si tuviera un mínimo de moral, yo no estaría aquí. No me habría secuestrado. Un hombre con escrúpulos me habría dejado en paz. Justo entonces, vi a Inga acercándose con una chica más joven que no había visto antes. Claro, tampoco es que haya visto a mucha gente desde que me encerraron en mi habitación. La chica se acercó y puso un plato frente a mí. —Gracias —le dije, esbozando una sonrisa. —De nada, señora Monet —respondió ella con dulzura. —¿Necesita algo más, señor Drakov? —oí preguntar a Inga. —No, por el momento. —Ambas mujeres s

