Victoria —Mi hermana está en silla de ruedas porque él la puso allí. Tiene diecinueve años y está condenada a ello por culpa de tu padre. —Su voz resuena en la habitación y, aunque intento asimilar lo que dice, no puedo. Doy un paso atrás, alejándome de él. Nos miramos en silencio. No puedo creerlo. Esto tiene que ser mentira. No puede ser posible que papá haya hecho algo así. —No sé lo que quieres que diga o haga. Lamento lo de tu hermana, pero mantenerme aquí en contra de mi voluntad no va a cambiar el pasado —respondo, y él avanza un paso más hacia mí, reduciendo la distancia. —No te estoy pidiendo que digas nada —Su voz sale un poco más baja de lo que esperaba. De repente, sus labios aplastan los míos, evitando que diga otra palabra. El beso es feroz, consume todo lo que soy. En un

