El viaje a Portland fue silencioso y tenso. Todos se miraban entre sí con recelo. Los lobos porque aún no tenían la información que aclarara muchas de sus dudas y quien podía dárselas se encontraba seminconsciente. Y los humanos porque entendían que estaban rodeados de fieras salvajes. No sabían qué podían decir o hacer para no despertar la furia de los hombres lobos y quien podía asesorarlos se encontraba seminconsciente. Lo mejor era mantenerse callado. Alana viajó con Maddox en un auto, junto a Eric y William. Estaba sentada atrás con el lobo recostado en sus piernas, luchando por no quedar por completo desmayado. Lo calmaba acariciándole los cabellos y el rostro, y mirándolo en ocasiones con adoración. Aunque también mantenía su vigilancia en Eric, que no dejaba de observarla por e

