Antes de que Aaron y Maddox llegaran al puente de hierro, Alana ya regresaba en el auto de alquiler. Aaron rugió al verla sola. —Maldición, ¿por qué viaja sola? —No tiene conciencia del peligro que corre ni de la importancia que representa para nuestra r**a —respondió Maddox—. Ha vivido en esta isla toda su vida sin saber mucho de nuestra especie, por eso nunca aprendió a transformarse. —Es mucho lo que tendré que enseñarle —murmuró el lobo como para él mismo, pero Maddox logró escucharlo y lo calcinó con la mirada. —No te preocupes por las clasesitas informativas. De mi hembra me encargaré yo. Aaron los fulminó con una postura desafiante mientras se detenían y bajaban del auto. Los dos estaban dispuestos a conquistarla sin importarle las consecuencias. —¿Qué les pasó? —preguntó Ala

