05

881 Words
Paso al rededor de 1 hora y estaba con Jimin viendo los diferentes clubes. Hasta ahora ninguno me había gustado, para ser sincero estaba esperando a que pasáramos por el club de básquet. Desde niño me gusta ese deporte, en la primaria fuí capitán del equipo, no es por presumir pero me considero muy bueno. —Hyung— Jimin se paró al frente mío —¿Dime?. —Creo que debería ir con Taehyung. Fruncí el seño— no quiero, además todavía no terminamos de ver todos clubes. —Podemos terminar de verlos mañana. —No— me cruzo de brazos. —Hyung, por favor, sé cómo es Tae y si no va, es capaz de quedarse a dormir en el laboratorio. —¿Qué?— abri un poco los ojos de sorpresa. No creó que sea capaz de eso... ¿O si?. —Si, se lo digo de verdad, vaya con él y mañana seguimos viendo los clubes y se anota en el que más le guste— me regaló una pequeña sonrisa. —¿Por qué te preocupa que se quedé en el laboratorio?, Por mi pude mudarse ahí—me encogí de hombros. —¡Hyung!— me regaño. —Esta bien, iré solo porque me lo pides tú. —¡Si!, Vaya rapido— me empuja por la espalda. —P-pero. Jimin sale corriendo, se desaparece rápidamente de mi vista. Niego con la cabeza y me dirijo al laboratorio. Llegué al lugar y encuentro que todo está oscuro y aparentemente solo. —Sabia que no podía quedarse esperando. Me dispuse abrir la puerta para irme, pero alguien me agarra del brazo. —Pense que de verdad no vendrías. Volteó a ver y era Taehyung. —Eh si, bueno, Jimin me dijo que vinira— me solté de su agarré. —Entonces le daré las gracias a mochi más luego, ahora ven conmigo. Fuí arrastrado hacia una pequeña puerta secreta que daba con otro cuarto y esté estaba lleno de cajas. —¿Qué hacemos aquí?—miré a mi alrededor. —Ya verás. —¿Me vas a violar o algo así?. Taehyung se hecha a reír y voltea a verme. —No tienes tanta suerte gatito. Auch, eso dolió, pero como me llamo ¿g-gatito?. —¿Y bien?— ya estaba desesperado. Taehyung se empieza a acercar a mi, yo empiezo a retroceder unos pasos hasta que me encuentro con la pared. —D-dijite que no me harías nada— fué lo único que pude decir, de verdad me pone nervioso esté chico. Se puso a la altura de mi rostro. —Y no lo haré, solo quiero mostrarte algo— bajo su mascarilla y empezó la oleada de color que me encantaba pero no podía soportar y me desmayé. No sé cuánto tiempo paso, pero cuando por fin desperté, me encontraba en una silla. —¿Ya estás despierto?. —¿Por qué me hacés esto Taehyung?, ¿Acaso no lo entiendes?— hablé en tono cansado. —Quiero mostrarte esto—saco su celular prendió la linterna y iluminó una especie de cristal que tenía en si otra mano. Volteó mi cabeza hacía la pared. —E-el arcoiris...- me levanto de la silla sin quitar la vista de la pared— ¿P-pudo tocarlo?. —Si, es todo tuyo. Empezó a acercarme lentamente. Siempre había visto el arcoiris en gris, era la primera ves que podía ver sus verdaderos colores, Dios, están hermosos, podría llorar de la felicidad. —Es hermoso— ya estaba apunto de tocarlo pero de un momento a otro desapareció. —¿A dónde fué?, Volteó a ver a Taehyung, esté apaga la linterna de su celular y lo guarda. —Es todo— se dirige a la puerta para irse. Corro hacía él y lo agarraro fuerte por el brazo para que no se vaya. —¡¿POR QUÉ?!, ¡¿SOY ACASO UN EXPERIMENTO PARA TÍ?!. Taehyung se volteo a verme. —¡CREÉS QUE PUEDES MOSTRAME LOS COLORES Y DESPUÉS DECIR ES TODO!. —Solo esperaré hasta que termine la semana— dijo sin más. —¿Qué?, ¿sigues con ese absurdo trato?. —Yoongi, solo quiero enseñarte los colores de esté mundo. —¡No, no quiero!— negaba con la cabeza. Me aferraba más al agarre de Taehyung, tenía miedo, mucho miedo. —Calmate— se soltó de mi agarre y alzó sus dos manos a mi rostro. El me miraba fijamente con su perfecta heterocromía. —Solo déjame ser yo quién te enseñe los colores. En ese momento, sentía que todo estaba bien, las manos cálidas de Taehyung en mi rostro por alguna extraña razón me daban paz. —N-no. —Se que quieres, tus ojos me dicen que si Min Yoongi, no seas terco. —¡No!— lo empuje— ¡Solo aléjate de mí, no te quiero cerca!— me dirigí a la pequeña puerta y salí de allí. No puedo caer en la tentación, corrí hasta llegar al baño, me encerré en un cubículo, pasé mis manos por mi cabello. —No quiero, no quiero— mis lágrimas empezaron a caer por mi mejilla. De algo estoy seguro, aceptar ese trato sería caer directo a mi perdición.
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