El capítulo trajo consigo la danza de promesas entre Alexandra y Daniel, donde cada gesto, cada mirada, se convirtió en una promesa de amor renovado. La pantalla, que había sido su testigo a lo largo de su historia, ahora mostraba imágenes de una conexión más profunda y un romance que continuaba floreciendo. Decidieron explorar juntos nuevas formas de expresar su amor, sumergiéndose en el arte y la creatividad. La pantalla registraba imágenes de visitas a galerías de arte, donde se detenían frente a pinturas que evocaban emociones compartidas. El arte se convirtió en su lenguaje secreto, una forma de comunicarse más allá de las palabras. —Cada pincelada en este lienzo me recuerda a la forma en que pintas mi mundo con colores brillantes. —dijo Alexandra, su mirada fija en una obra abstra

