Torbellino de emociones

1017 Words
Sali de la oficina de Axel con la mandíbula tan apretada que sentí el sabor metálico de la rabia en los dientes y puños apretados, no era un simple enfado, era una indignación que me hervía en las venas, un fuego líquido que me recorría y convertía cada latido en un martillazo contra mis sienes, cada puño cerrado no era solo un gesto de furia, era la contención física de todo lo que quería gritar y no podía ¿Como se atrevía a plantear algo así? La pregunta no era retórica; era un cuchillo que me giraba en las entrañas. ¿Cómo podía plantear algo tan ciego, tan... desgarradoramente lógico que se volvía cruel? es que lo que nos está pidiendo en injusto para ambos, Athenea lleva años construyendo murallas alrededor de su corazón, sí, muros altos, de piedra helada no quiere tener relación alguna con un hombre, me acepta como socio, como amigo, como ese constante en su vida... Pero yo la amo, Dios cómo la amo, de una manera que duele, de una forma que se ha convertido en el aire que respiro y a la vez en la herida que nunca cierra. Soy plenamente consciente de que no tengo oportunidad, lo sé con una certeza que me hiela la sangre, su miedo a amar es una fortaleza inquebrantable, y me lo ha dejado más claro que cualquier rechazo directo. Pero entonces... están sus traiciones, esos pequeños actos de rebelión de su cuerpo que destrozan por completo la frágil lógica en la que intento refugiarme, son los escalofríos que surcan su piel cuando mis dedos rozan los suyos por accidente, un temblor que ella no puede controlar, Dios y esa mirada que se enturbia, que se nubla con un deseo antiguo e instintivo cuando cree que no la observo, en esos segundos robados, su cuerpo me habla con una verdad que su mente se niega a pronunciar. Pero yo no puedo obligarla a qué se case conmigo, no puedo forzarla a esto, no sería amor, sería una cautividad, no puedo arrastrarla a un matrimonio que ,para mi seria el cumplimiento de mi sueño más anhelado en los últimos años, pero para ella solo sería el principio de su peor pesadilla. ¿Cómo podría llamar felicidad a algo que la destruye? Sería el acto más egoísta, una condena disfrazada de anillo de compromiso, ella no sería feliz a mi lado, y yo... yo tendría que vivir y ver como diariamente la luz en sus ojos se apagaría lentamente, reemplazada por el resentimiento y una desconfianza que me rompería el alma. Amarla significa soltarla, incluso si eso me deja a mí en la oscuridad. Con ese nudo de angustia estrangulándome el pecho, me dirigí a la cafetería, mis pasos eran rápidos y pesados, como si arrastrara cadenas en los tobillos Seguro que mi rostro reflejaba con crudeza el torbellino que me devoraba por dentro, la rabia por la situación me tenía los músculos tensos como cuerdas; la frustración de no poder hacer nada me cerraba la garganta; y esa punzante incertidumbre, al no saber qué estaba pasando en la oficina entre Axel y ella, me taladraba el pensamiento, sé mejor que nadie que Athenea no es fácil de tratar, su orgullo es una fortaleza y su desconfianza, un campo de minas, menos cuando el tema es un matrimonio arreglado, solo de imaginarla sintiéndose acorralada, un nuevo golpe de culpa se sumaba a mi desesperación. Buenos días, señor Matheo. ¿Qué desea ordenar? - La voz era demasiado dulce para la amargura que me cubría como una costra. Era una chica nueva, ya que no la había visto en la empresa de Axel, es alta, flaca, con unos ojos negros que intentaban sostener mi mirada con una intensidad que delataba sus intenciones, llevaba el cabello castaño suelto y una sonrisa coqueta que no pedía permiso para instalarse en sus labios, en el emblema de identificación de la empresa en su pecho, refleja su nombre Tatiana. Un café, por favor - dije, sin poder disimular el hastío en mi voz, ya de por si tuve un mal rato en la ofcina de Axel para aguantar risas o sonrisas coquetas Enseguida, señor Matheo - respondió con un tono coqueto, desvié la mirada hacia un punto vacío del cafetín, para no mirarla Mientras se alejaba, yo seguí inmerso en mi enredo mental la palabra matrimonio no salía de mi cabeza, era un eco obsesivo, en teoría, tengo razón: estoy joven para meterme en ese lío de alianzas y compromisos, debería huir, no aceptar esta locura Pero si es con Athenea... si es con ella, no le tendría miedo a ponerme la soga al cuello, porque no sería una condena, sería la materialización de todo lo que he anhelado, pero ella... Dios mio Athenea ¿Qué estará pensando? Este torbellino no era solo mío, es de ambos, entre mis deseos, mis miedos y los deseos y miedos de Athenea era una lucha feroz. Señor, aquí tiene su café. - dijo Tatiana con voz melosa y dejo en café en la mesa donde se agacho de mas mostrando su cenos, desvié la mirada de inmediato Gracias - dije serio, agarre la taza y di un sorbo breve, un acto puramente mecánico, el sabor empalagoso inundó mi boca de inmediato, apoyé la taza en la mesa con un gesto seco. - ¿Quién preparó el café? Tatiana se enderezó, enrollando un mechón de su cabello castaño alrededor del dedo en un gesto que pretendía ser encantador. Yo misma, señor, ¿Le gustó? - La miré por primera vez directamente, y mi mirada debió ser tan gélida como me sentía por dentro. Tiene mucha azúcar - dije, sin conceder un ápice de cortesía a su sonrisa coqueta, pero la misma se le borro por mi tono de voz y la mirada matadora que le di, me levanté, dejándola con la palabra en la boca, y me dirigí a la barra con pasos firmes y seguros en busca de la hermana de mi mejor amigo - Daniela, ¿por qué no has preparado tú mi café?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD