El príncipe perfecto

1014 Words
Respiré hondo, buscando centrarme, y en ese instante sentí el peso familiar del reloj de bolsillo en mi saco, Rodolfo me lo había regalado al cumplir los dieciocho, y sus palabras, grabadas a fuego en el metal, resonaron en mi mente como si las estuviera leyendo: « El valor está en volver, no en huir » era la voz de mi padrastro, sabia y tranquila, recordándome desde el pasado la lección que tanto me costaba aprender. Matheo me observaba, esperando, él no conocía el peso de aquel reloj, ni las palabras que llevaba tatuadas en el alma, pero en sus ojos verdes vi el reflejo de la misma pregunta: ¿tendría yo el valor de volver? Iremos Matheo - cedí al fin con un suspiro, levantándome de un salto para ocultar el temblor que me recorría las manos - Después de la reunión con los Bristol, pero no lo hago por mi padre... ni por ti. Lo sé princess - respondió él, y en su sonrisa se dibujó una sombra de tristeza que me atravesó el alma, las palabras de mi padre resonaron en mi mente: « Ese chico tiene ambición, como yo y como su padre, una unión de ambos seria un sueño hecho realidad, un imperio impenetrable ». pero ni mi padre, ni el padre de Matheo, ni Matheo podían saber que la verdadera ambición de mi corazón no era conquistar nuevos territorios, sino enterrar los escombros del pasado - Lo hacemos por esa Athenea que coleccionaba hojas secas en los márgenes de sus libros de diseño - añadió, su voz suave como un recuerdo - Viajaremos juntos princesa, no te dejaré sola pequeña - afirmó Matheo, y esta vez su tono no dejaba espacio para el debate. Sonreí a pesar de todo, él, Matheo siempre había estado ahí, apoyándome incondicionalmente, y yo era consciente de sus sentimientos, aunque nunca lo haya profesado en voz alta, sus acciones y miradas hablan por si solas, precisamente por eso me daba tanto miedo: el terror de no estar a la al tura de un corazón tan leal. Es tu hacienda Athenea, tú eres la dueña y patrona, yo que tú, iría, plantaría mis tacones caros en ese suelo no como una visitante, sino como la propietaria que eres, para que todos, especialmente él, vean que su traición no te rompió... al contrario te coronó Athenea, ir no es sobre él; es sobre reafirmar quién eres ahora: la mujer que construyó un imperio partiendo de los pedazos que él dejó, eres una reina, la reina de los diseños A&M y la dueña de la esmeralda. Está bien Matheo, tienes razón, iremos a la empresa de mi padre después de la reunión con los Bristol - concedí, aunque la idea me revolvía el estómago, pero la única razón para aceptar era evitar que él viniera aquí, a mi santuario, a recordarme todo lo que intentaba dejar atrás como una cobarde. Antes de que pudiera añadir nada más, la voz nítida de Lucía, mi secretaria, sonó por el intercomunicador, cortando como un cuchillo la intimidad peligrosa del momento: « Señorita Lennox, los señores Bristol y Noah Frost están en la sala de juntas » al salir de la oficina, camino de nuestro siguiente campo de batalla, su mano rozó la mía. Fue un accidente, un simple cruce de trayectorias en el espacio reducido del marco de la puerta, pero la consecuencia fue un cataclismo, el contacto fue tan fugaz que apenas duró el parpadeo de un relámpago, y sin embargo, tan eléctrico que creí sentir el crujido silencioso del aire estático cargándose entre nosotros, una chispa invisible saltó de su piel a la mía, y mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera imponer su lógica. Matheo ni siquiera se inmutó, no hubo un titubeo en su paso, ni un giro de cabeza, ni la más mínima tensión en sus hombros, para él, ese contacto fugaz que había sacudido los cimientos de mi compostura pareció ser algo tan natural e inevitable como respirar, un hecho consumado de un futuro que solo él podía ver. Mientras yo lidiaba con el eco del roce, con la piel aún vibrando y el corazón galopando como un animal asustado, él seguía caminando con una calma exasperante, era como si ese pequeño choque eléctrico, ese instante que para mí fue una revelación aterradora, para él fuera simplemente la confirmación de un hecho consumado. Un futuro que solo él parecía tener el mapa para visualizar, un destino ya escrito en el que nuestros caminos no solo se rozaban, sino que se entrelazaban irrevocablemente. Y en ese instante, la verdad me golpeó con la fuerza de un rayo: lo evitaba no por él, sino por mí, por la manera en que mi pulso se aceleraba con su simple proximidad, por cómo mi respiración se entrecortaba cuando sus ojos verdes me observaban con esa paciencia infinita que me volvía loca, pero jamas admitiría en voz alta, es y sera mi secreto. Lo evitaba, por el miedo a que ese contacto fugaz se convirtiera en un gesto deliberado, y ese gesto, a su vez, derrumbara con un solo dedo los altísimos muros que había levantado alrededor de mi corazón, en otro mundo, en una vida donde el amor no fuera un lujo que mi corazón destrozado no podía permitirse, Matheo habría sido mi elección, un cuento de hadas para corazones que no habían sido destrozados en mil pedazos, no habría dudado, habría tomado su mano sin vacilar, me habría hundido en ese abismo de promesas silenciosas que veo en su mirada. Matheo habría sido mi elección, el príncipe de un reino al que mi corazón, convertido en una fortaleza de cicatrices, ya no se atrevía a rendirse, porque quererlo, aunque solo fuera un poco, me aterraba más que cualquier otra cosa, era admitir que, después de todo, aún podía sentir, y eso seria la ruina de las murallas, que he construido durante 8 años, se que en este año han cambiado las cosas, pero no lo puedo permitir, cerré mi corazón con llave de acero.
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