—Vamos, Ra, si sigues abrazándome así, ¿cuándo vas a comer? —preguntó Bara mientras acariciaba la espalda de su esposa. —En un rato, querido, estoy cómoda así. Bara sonrió y besó a Danira en la cabeza. —Gracias, Ra, por llamarme querido, no solo cuando estás enojada —dijo Bara feliz, al escuchar el término pronunciado tan suavemente por su esposa. —Gracias a ti, querido, por ser mi presencia tranquilizadora. —Es mi deber, Ra. —¿Dónde aprendiste a hablar con tanta sabiduría? Estoy asombrada, viendo tu vida antes y ahora, es como si conociera a dos personas diferentes. Pensándolo bien, tus recitaciones durante el shalat son tan melodiosas, es increíble, querido, considerando que solías preferir salir a discotecas en lugar de ir a mezquitas —dijo Danira con asombro. La primera vez que r

