Bara miró el reloj en su oficina, sintiendo que las manecillas se movían más lento de lo habitual hoy. Algo le hacía querer irse a casa de inmediato. —¡Bar! ¡Caray! Bara se sorprendió al ver a Anjani de pie con las manos en las caderas frente a él. —¿Por qué estás gritando, Jan? ¿No puedes llamarme sin gritar? Eso es grosero —respondió Bara, sorprendido por la fuerte voz de su hermana. —Toqué la puerta, te saludé y te llamé suavemente, pero no me escuchaste —respondió Anjani, molesta. —Lo siento, ¿qué pasa, Jan? Bara frunció el ceño mientras Anjani arrastraba una silla y se sentaba a su lado. Cuando hacía esto, generalmente significaba que su única hermana quería unas largas vacaciones. —Hermano Bian tiene un seminario fuera de la ciudad, y quiero ir con él. ¿Está bien? Solo tres dí

