—Los acompañaré un poco, mamá —dijo Bara mientras se levantaba de su silla y corría tras Danira y Zio, que ya habían salido de la casa. —¡Espera, hermano! —Bara escuchó a Jani llamándolo para detenerlo, pero no le importó. Bara trotó y logró alcanzar a Danira, que ya estaba en su propio porche. —Espera un momento, Ra. —¿Por qué? —Perdón por ignorarte —respondió Bara. —Está bien. Regresa, tu prometida se está quedando atrás. No avergüences a mama también. —Tsk, crees que lo sabes todo, ¿verdad? El corazón de Bara latía inquieto; no quería que Danira malinterpretara. —Ra, no te vayas a dormir todavía, después de que se vayan quiero hablar. —No puedo prometerlo. —¿Ra? —Ya no estamos casados. No es bueno estar solos juntos, especialmente de noche —respondió Danira. —¿Qué tal mañan

