Ojos Verdes Y Cabello Dorado

1216 Words
Jacob.- Hoy mi día había empezado pésimo con la visita de mi madre y su cantaleta por haberme ido de la casa de Natalia Redmond de manera en como lo hice, apenas si pude dormir dos horas, tenía mi mente hecha un lío en como cancelar las cuentas de la empresa este mes, realizar un nuevo diseño para venderlo y… que no deje de pensar en ella… esa chica que ojos verdes y cabello dorado que se atrevió a rechazarme como si fuera menos y que se adueñó gran parte de mi noche. Por lo que hoy elegí caminar hasta la oficina vivía solo a unos pocos minutos del lugar en el que se ubicaban las oficinas de mi empresa, el clima en Nueva York estaba frío, pronto comenzaría a nevar y era justo lo que necesitaba para aclarar mi mente, por eso amaba esta ciudad, al entrar veo a Ronie conversando con una mujer rubia y mi corazón se detiene. — ¿Será posible? –Avancé rápidamente hasta llegar hasta ellas. — ¿Qué está pasando aquí? –Gloria mi recepcionista y Ronie fijaron su mirada en mí, pero la rubia no movió ni un musculo. — ¡Buen día Jacob! –Ronie se acerca con una gran sonrisa, colocando su mano sobre mi mejilla dejando un beso, enroscando su brazo en el mío. –No pasa nada, solo que esta… señorita vino a hablar contigo, pero le acabo de decir que… Noté que la rubia ni siquiera se giró para verme, escuchaba el parloteo de Ronie buscando apoyo de mi parte, hasta que no aguanté y mencioné su nombre, porque era obvio que era ella, su esbelta figura había quedado grabada en mi mente. — ¿Natalia? –Ronie hizo silencio, Natalia se giró lentamente dándome una media sonrisa apenada. — ¿La conoces? –Preguntó Ronie casi con enojo. — Sí es la candidata escogida por mi madre para que sea mi esposa –Respondí sin apartar mis ojos de Natalia, su nerviosismo estaba en evidencia mordiendo el interior de su mejilla haciendo que un hoyuelo apareciera en su bello rostro. – ¿Qué haces aquí? Tu rechazó el día de ayer me quedó muy claro –Ella bajó la mirada con sus mejillas rojas. — ¿Podemos hablar? Le prometo que no le quitare más de cinco minutos –Quería negarme y hacerle pagar su altanería de ayer, pero una parte de mi tenía curiosidad de saber la razón por la que se presentó aquí. — Bien, vamos –Caminé hacía ella mostrándole el camino. –Ronie por favor pide que lleven dos expresos a mi oficina, el mío doble. –Al no escuchar respuesta de Ronie la miré, estaba sorprendida. –Ronie. — Sí, Jacob –Respondió apretando los dientes. –La señorita ¿Cómo prefiere su café con una o dos de azúcar? –Noté el tono irónico en su voz, pero más me sorprendió la manera de Natalia al responderle. — Con una de azúcar está bien –Respondió con una sonrisa que claramente era forzada, pero cargada de mordacidad y arrogancia. — Ok vamos –Insistí en guiar a Natalia, no deseaba una pelea de felinas y sangre corriendo en mi recepción. Cuando subimos al ascensor el silencio reinó entre nosotros, pude detallar su rostro ahora que estaba más cerca y noté que había algo diferente, de una de sus mejillas sobresalía lo que parecía un golpe, pero evidentemente intentó ocultarlo con maquillaje, no sé porque, pero la sangre hirvió en mi interior de solo pensar que alguien fuera el responsable, el timbre del ascensor me sacó de mis pensamientos. — Usted dirá por dónde es — Por acá –Abrí la puerta de mi oficina. –Adelante –Ella caminó con paso lento observando cada detalle, hasta que vi que le llamó la atención la vitrina de las réplicas de mis creaciones, los miraba con fascinación. — Son tus diseños –Susurró con una pequeña sonrisa, afirmando su declaración. — ¿Cómo lo sabes? –Mi pregunta la tomó desprevenida, bajó la mirada mordiéndose el labio, ese gesto removió algo en mi interior, un pensamiento vino a mi mente que decidí desecharlo de inmediato. — Pues, para llegar hasta aquí tuve que buscar información sobre usted, yo estudio ingeniería automotriz –Mi corazón se aceleró cuando su sonrisa se ensanchó. — ¿De verdad? –Pregunté sorprendido. — Sí, lo sé no es una carrera para chicas, pero heredé el gusto por los autos de mi padre –Se encogió de hombros. — ¿Cuál es tu especialidad? –Indagué con cierto toque de fascinación. — Me gusta el diseño, pero mi enfoque es más hacia el software e ingeniería de seguridad. — ¿A qué viniste Natalia? –En ese momento Ronie ingresó a la oficina con una bandeja, Natalia estaba en silencio mientras yo esperaba su respuesta. — Tu café Jacob –Dijo Ronie con seriedad, mi mirada estaba fija en Natalia no podía creer que mi madre hubiera encontrado una mujer con el mismo amor por los autos como yo ¿Lo sabría? no, lo dudo, mi madre no le da importancia a esas cosas ni siquiera sabe lo que significa la palabra software, mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando el crujir de una taza cayó en el suelo. — ¡Ay lo siento muchísimo! –Ronie se disculpaba con Natalia quien limpiaba su vestido teniendo un gesto de dolor en su rostro, el café le había caído encima, la ira por el atrevimiento de Ronie me invadió eso no había sido un accidente. — Pero ¡¿QUÉ MIERDAS VERONICA?! –Me levanté iracundo de mi silla. – ¿Acaso no ves lo que haces? –Me acerqué a Natalia. — Jacob fue un accidente –Estaba sorprendida por mi tono, nunca le había gritado de esa manera, pero yo la conocía no era de las que tenía este tipo de accidentes. — Ve y busca uno de los uniformes para que ella se pueda cambiar ¡AHORA! –Ronie saliendo con los ojos brillando con las lágrimas a punto de salir. –Y no te demores –Le ordené. – ¿Estás bien? –Le pregunté a Natalia — Sí, estaba muy caliente, menos mal la tela es gruesa –Intentó disimular el dolor, pero eso no llegó hasta sus ojos que estaban al borde del llanto. — Tengo un botiquín en mi baño, debe haber alguna pomada –Ella asintió sonriendo de medio lado, cuando dio el primer paso vi que cogió me acerqué tomando su mano, solo el contacto hizo que mi piel ardiera de nuevo por dentro como lo hizo el día de ayer. Ella entró al baño y yo cerré la puerta, pude escuchar cuando el cierre de su vestido se deslizaba, me quedé mirando como tonto la puerta, estaba en mi baño semi desnuda y yo aquí sin poder… negué no puedo tener sentimientos por ella, cualquiera que sea la razón que la trajo aquí no me importa, ni debe importarme, ella me rechazó porque es muy orgullosa y soberbia para aceptar mis condiciones, entonces, fue cuando me di cuenta que no me había dicho la razón por la que vino a verme, ¿Se habrá arrepentido?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD