Manejo al lugar y aunque suene a que es mentira, no he podido dejar de sonreír desde que salimos de la oficina, pero como hacerlo si ella no deja de verse como una niña llena de felicidad. Y saber que es por algo que hice me hace hinchar el pecho de orgullo. - ¿A dónde vamos? – pregunta con esa sonrisa tan radiante como si minutos atrás no se hubiese puesto roja de la rabia. - Te dije que es sorpresa – repito satisfecho al verla reír. Nunca había conocido a una persona que le gustara tanto ser sorprendida, como una cría que no tiene preocupaciones más que ser feliz. - ¿Puedo hacerte una pregunta mientras llegamos? – con un sonido le hago entender que claramente ella puede hacer lo que quiera conmigo. Por el rabillo del ojo la observo al notar que se queda momentáneamente en silencio y

