—No quise hacerlo, no quise hacerlo — los ojos negros de su padre se hicieron más profundos al igual que su voz, que había empezado a exaltarse—. Nunca quieres hacerlo, pero vienes y arruinas todo y te importa muy poco toda la vergüenza que nos causas. Ya estoy cansado que hagas lo que quieras y no obtengas consecuencias, ¿no te das cuenta que estás siendo un martirio? Te comportas como todo un animal. Algunos músculos se le tensaron al escuchar esas palabras, pero solo apretó las mandíbulas y no dijo nada. Su madre, que estaba sentada en el sofá como una estatua, tosió un poco, —Déjalo que hable, no seas tan duro con él. —¿Estoy siendo duro con él? El problema acá está en que nunca hemos sido duros con él y esto se ha pasado de los límites. Debimos ser rectos desde un inicio y ahora

