Después de tanto pensarlo había decidido acabar con su vida. Era lo mejor, no estaba dispuesta a vivir un segundo más junto a ese despiadado hombre. Ya no había manera de salvar su vida, así que lo mejor era morir de su propia mano antes de que él la matara. Caminó al vestidor, de una gaveta extrajo un arma que cargó y a la cual le retiró el seguro. Se sentó de nuevo en el sofá y suspiró. De pronto comenzó a llorar, no estaba segura de tener el valor para hacerlo. No supo cuándo las silenciosas lágrimas se volvieron gemidos y sollozos. Debía ser fuerte, debía reunir el valor para tirar del gatillo y acabar con su miseria. Abrió la boca e introdujo el cañón del arma. Mentalmente se animaba, diciéndose que de esa manera acabaría el dolor. Jarvis, después de bañarse, vestirse y tomar un rápi

