“Abrí los ojos, y recostado yacía, asombrado ante la nitidez de mi visión. Sudado y agitado, a mi alrededor veía la extraordinaria claridad de mi habitación. Brilló la noche, en la hora que más amo y me invadió la impresión de sentir que algo en mí había cambiado. Y entonces las sombras comenzaron a surgir. ¡Todos los bellos de mi piel se erizaron! ¡me vi paralizado! ¡aterrado! ¡sin aliento! Pues, como humo n***o me rodearon… ¡Y jamás mi corazón tantas veces latió! En tan breve lapso de tiempo. Cuando una de ellas se me acercó… Y aquella sombra alucinante, frente al temor de mi mirada, transmutó en un ángel y pude volver a respirar. Indeleble aquel rostro que sonriendo me observaba con profundo interés. Era ella, la belleza en movimiento, resplandor inmaculado al cual

