capitulo 7

4649 Words
Quiero ver el triunfo en su rostro para poder usarlo para alimentar mi odio más tarde cuando le permita contaminar mi cuerpo. Sus ojos sombríos se deslizan sobre mí con el calor de la victoria. Toma la hoja de papel y la rasga por la mitad, dejando que ambas piezas caigan al suelo. —Sabía que no necesitaría esto. Ese bastardo. Jugó conmigo. Me dio un rayo de esperanza y lo aplastó. Mount se agacha para agarrar la gabardina del suelo y me la arroja. —Cúbrete. Ahora eres propiedad de Lohan Mount y espero que actúes como tal. Quita esas palabras de tu piel antes de que vuelva a verte. No quiero leer esas mentiras mientras te follo por detrás. Propiedad. Así es como me ve. Como un juguete que puede ser poseído y usado. Agarro el abrigo y meto los brazos por las mangas, abrochándolo y anudándolo. Esta vez, mantengo mi atención en el piso. Sus pulidos zapatos de cuero n***o aparecen en mi campo de visión cuando sus dedos agarran mi barbilla, forzándome a encontrar su mirada. —Tus orgasmos me pertenecen. Si alguna vez te tocas sin mi permiso, voy a azotar ese coño tuyo hasta que estés pidiendo venirte. ¿Qué tipo de barbarie... Alejo mi barbilla de su agarre, sin preocuparme por mi seguridad personal. Ya ha impuesto su reclamo. ¿Qué más podría pasar? Además, si piensa que voy a hacer esto fácil… Camino con paso majestuoso hacia la pared cubierta por la estantería, porque hago mis mejores diatribas mientras camino. —No eres el único que hace las reglas aquí. Tengo estipulaciones. Nadie puede saber. Mi familia. Mis empleados. Nadie. No quiero que mi nombre se vincule con el tuyo. No me detengo a considerar la inteligencia de lo que estoy diciendo, porque estoy demasiado enojada como para contener el resto. Furiosa, giro y camino en la otra dirección, manteniendo mi mirada en todo menos en Lohan Mount, al menos hasta que haya terminado de hacer mis demandas. —Decidimos entre ambos el momento y lugar para encontrarnos. No más de ser recogida y encapuchada para encontrarnos. Me reúso. No dejarás marcas. No me lastimarás y seguro como el infierno que no me harás desaparecer cuando todo esto termine, porque juro que mi familia y mis amigos nunca te dejarán salirte con la tuya. Giro sobre mis tacones de aguja para ver cuán enojado lo puso mi discurso… y me encuentro parada en una habitación vacía. Se fue. ¿El bastardo se fue? Solo así. ¿Ni una maldita palabra de él? Ese hijo de puta. Aprieto los dientes con tanta fuerza que me duele la mandíbula. Enfadada, corro hacia el papel rasgado en el piso y lo agarro. Uniendo las dos piezas, leo las palabras debajo del título grande y en negritas. Amira Clear nunca cederá los derechos de su empresa a Lohan Mount porque es testaruda, obstinada y totalmente leal al concepto de tradición familiar. Y lo que es más, él no necesita su establecimiento comercial porque él será su dueño. Ese pequeño mentiroso de mierda. No me ofreció una salida real. O me conoce lo suficientemente bien como para darse cuenta de que eso nunca sería una opción viable. Esa posibilidad podría ser aún más aterradora. Contemplo el trato que he hecho con el diablo. ¿Qué opción tengo? ¿Cómo puedo enfrentar a mi padre y decirle que perdí la compañía que su padre y el padre de su padre construyeron con sangre, sudor y sacrificio? Mi cuerpo a cambio de mi orgullo. Ese es el trato que logré. Odio a Lohan Mount. Incluso su nombre envía rayos de calor a través de mí, engendrado por la ira a diferencia de todo lo que alguna vez haya experimentado. Odio cómo me hace sentir. Odio que mi cuerpo responda a él. Cuando la chimenea vuelve a girar y Scar vuelve con la capucha negra, la voz en mi cabeza susurra una verdad más. Odio que quiera que me toque nuevamente. ******************* MouNT No necesito imaginarme la rabia en su cara cuando lea el documento legal de mierda que había preparado para nuestra reunión. Es evidente en la pantalla de mi escritorio cuando lo aplasta con fuerza entre sus puños. Amira Clear era un blanco fácil. Llena de honesta indignación y un fuego que disfrutaré tener debajo de mí. Me hace gracia que pensase que podría hacer demandas. Hombres maduros con pelotas de acero del tamaño de piedras no se atreverían. Por eso es tan fascinante. Una rareza. Eso es todo lo que ella es. Entretenimiento. Un trozo de propiedad para divertirme por poco tiempo. La quiero dispuesta. Me rehusó a que sea de cualquier otra manera. Incluso rebelde y enojada, reaccionó ante mí como un instrumento a su prodigio. Voy a domar ese fuego. Voy doblegarla a mi voluntad. Mi polla se endurece por lo que parece ser la duodécima vez esta noche mientras me la imagino sometiéndose a cada una de mis órdenes. Ese culo. Esas tetas. Ese pequeño coño apretado. ¿Propiedad de nadie? Pura mierda. Amira Clear es mía. ***************** Amira Scar no habla mientras me pone la capucha sobre la cabeza y me carga otra vez. Arriba, abajo, vueltas y vueltas. ¿Es una escalera de caracol? Siento la brisa fresca de afuera por un momento antes de que me deposite en el asiento trasero del auto. Inmediatamente, mis manos van a la capucha, pero sus gruesos dedos las agarran y las aprietan. Es una señal clara de que no debo quitármela. ―¿Tengo que dejármela puesta para el camino a casa? ¿Estás bromeando? La única respuesta que me da es un gruñido. Mis dedos ansían quitar la capucha, pero si dejármela puesta me lleva más rápido a casa, entonces dejaré la maldita cosa en paz. Sale del garaje y el débil sonido de la calle apenas atraviesa el interior del auto de lujo. Una vez más, pierdo el rastro de la dirección en la que giramos y en cambio guardo silencio, lista para que esta noche de pesadilla termine. Cuando el auto finalmente se detiene otra vez, me siento sobre mis manos, esperando a que me quite la capucha, pero no lo hace. ―Alguien va a vernos y a pensar que eres… Gruñido. Me callo y dejo que me cargue fuera del auto y me lleve a mi apartamento. Pero hay algo que no encaja. Las llaves tintinean, pero juro que el sonido es diferente al de las mías. Scar me lleva por las escaleras y me pone sobre mis pies mientras abre las cerraduras. Me da un pequeño empujón dentro de la habitación y la puerta se cierra detrás de mí antes de que pueda quitarme la capucha. Me la quito de la cabeza y doy la vuelta, mi cerebro va a mil por hora tratando de procesar algo que no tiene ningún sentido en absoluto. Este no es mi apartamento. ¿Dónde diablos estoy? Mount ha hecho esto. Nunca tuvo la intención de dejarme ir. ―¿Dónde estás, maldito bastardo? Giro la cabeza de un lado al otro, asimilando las paredes empapeladas con un estampado de brocado en blanco y n***o muy sofisticado, buscando la esfera reveladora en las esquinas de la gruesa moldura del techo que revelaría la presencia de una cámara. No veo ninguna evidencia de una cámara, pero eso no significa que no haya una. Pero Mount tampoco está aquí. Eso ya es algo. Apenas. Todo el alivio que sentí en mi camino a “casa” se desvanece a medida que investigo mi nueva jaula. Escuché los cerrojos. Sé que no me puedo ir hasta que él me deje. Mi cuerpo tiembla y no tiene nada que ver con el hecho de que estoy desnuda debajo de mi abrigo. Envuelvo mis brazos a mi alrededor y los froto en un intento de parar los temblores. No pienses en eso. Reúne información. Sé un general, no una prisionera. Me trago el miedo y me concentro en mi entorno. Tiene que haber algo que me ayude a descubrir dónde estoy, o que me ayude en mi escape. Me giro, contemplando lo que probablemente sea la sala de estar más hermosa que alguna vez he visto. La expresión jaula dorada nunca ha sido más adecuada. Solamente hay tres colores en toda la habitación. n***o, blanco y dorado. Una brillante puerta negra conduce hacia la derecha y corro hacia ella, esperando como una idiota que pueda ser una salida, pero sabiendo que no lo será al mismo tiempo. Es un dormitorio. No el exagerado dormitorio de un burdel como esperaba antes, sino que es sofisticado y femenino. De nuevo, solo hay tres colores en la decoración: n***o, blanco y dorado. La cama negra con dosel domina la habitación, ocupando todo un tercio, con tela blanca y transparente que van de un poste al otro. El cubrecama combina con el brocado en blanco y n***o de las paredes de la sala de estar y las sábanas de satén n***o están colocadas como si el servicio nocturno ya se hubiera realizado. Nunca planeó dejarme ir. Nunca. Todo el show en la biblioteca fue exactamente lo que Magnolia me advirtió, la habilidad de Mount de jugar con mi mente. Alejo el miedo. Es un gasto de energía innecesario. Otra puerta conduce desde el dormitorio a un baño de lujo mejor que cualquier habitación de hotel que haya visto, una vez más hecho en n***o, blanco y dorado. ¿Qué pasa con estos colores? El baño tiene otra puerta que conduce a un armario con vestidor que podría servir como una habitación de tamaño decente por sí sola, pero los estantes están completamente vacíos. Reviso los cajones de la isla central y también están vacíos. ¿Está esperando mantenerme aquí desnuda? Al menos tengo mi confiable gabardina. Pienso sobre el vestido que se supone tenía que usar esta noche, y por primera vez deseo haberlo usado. Salgo del armario para inspeccionar el contenido de los cajones del baño. En vez de estar vacíos, están llenos de caros artículos de aseo de todo tipo. Regreso a través de las habitaciones a la sala de estar y me quedo mirando la puerta cerrada. Dos cerrojos, pero en vez de pomos para girar desde el interior, hay cerraduras sin las llaves correspondientes. Aunque sé que es inútil ya que escuché las cerraduras trancarse, camino hacia allí y pruebo la manija. Hace que me moleste de nuevo. ―¡Imbécil! ¡No puedes mantenerme aquí como una maldita mascota! ―Le doy una patada a la puerta con los delicados tacones de aguja y tengo éxito golpeándome el dedo y dejando una pequeña marca. Después de cojear hasta el centro de la habitación, giro en un círculo con mis brazos extendidos. Puedo sentirlo, desde lo más profundo de mi ser, que él está observándome desde alguna parte. ―¿Es esto lo que querías? ¿Una mascota? Si no aparezco en mi trabajo mañana, todo el mundo se dará cuenta. Llamaran a la policía. No me importa cuántos policías tengas en tu nómina, tiene que haber alguien al que no poseas. ¡Me van a encontrar y vas a pagar! ¿Me querías dispuesta? ¡Pues vete a la mierda, Mount! ¡Eso no era parte del trato! Mi instinto me dice que regrese a la puerta y la golpee hasta que mis puños estén magullados y ensangrentados, y mi voz esté ronca de gritar para que alguien me deje salir. Pero no lo hago. Me rehusó a darle la satisfacción de verme desmoronándome. Soy más fuerte que esto. Mount no va a ganar. En vez de eso saco provecho de la ira. En voz alta y clara le digo a la habitación vacía―: Podrás tener mi cuerpo voluntariamente, pero eso es todo lo que alguna vez obtendrás de mí. Juro que te odiaré cada momento que dure de esto. Después de mi discurso, mi cerebro se calma, agotado de todos los acontecimientos de la última semana y todo lo que quiero hacer es deslizarme dentro de las lujosas sábanas y dormir. Pero algo sobre eso me hace sentir como si le estuviese dejando ganar, y eso es algo que no haré sin oponer resistencia. Me enfrenté al diablo en su guarida y salí ilesa. Eso es algo, ¿no? Una pequeña victoria. O mayormente ilesa. Mis pezones todavía duros y el calor entre mis piernas me recuerdan claramente el fuego que avivó dentro de mí. ―Miéntete todo lo que quieras, Amira. Pero dime la verdad sobre algo. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste follada por un hombre de verdad? Alguien que supiera lo que necesitas. Alguien que te quite el control y te dé todo por lo que has estado muriendo. ¿Cuántas veces tuviste que follarte con tus dedos después de que tu impotente y flácido esposo se diese la vuelta, solo para que tú también te corrieras? Está jugando con mi cabeza. Eso es todo. No puede saber cuánta razón tiene. Mis ojos van hacia la cama mientras que su última advertencia se repite en mi cabeza. ―Tus orgasmos me pertenecen. Si alguna vez te tocas sin mi permiso, voy a azotar ese coño hasta que me estés rogando para correrte. Con la misma actitud desafiante que me llevó a ir a una tienda de henna y luego a estos tacones de aguja extravagantemente caros ante la presencia del hombre más temido de la ciudad esta noche, tomo una decisión. Puede que esté casi sin municiones, pero todavía puedo disparar un tiro de despedida. Camino hacia la habitación y desato mi gabardina, dejándola caer al suelo de la habitación. Arranco el cubrecama y analizo las sabanas negras. Negras como el alma del hombre que me puso aquí. Me siento y me quito cada uno de los delicados tacones y los dejo caer descuidadamente en el suelo antes de deslizarme hacia el centro de la cama y separar mis piernas. ―Este coño todavía no te pertenece, Mount. Llego entre mis piernas, odiando ya estar mojada, pero agradecida al mismo tiempo porque esto no tomará mucho tiempo. ¿Estoy desafiando al diablo para que atraviese la puerta como un rayo y cumpla su amenaza? No. Estoy retándolo a que cumpla su amenaza. Cuando me corra esta noche, será un vete a la mierda al hombre que piensa que es mi dueño. Incluso me aseguraré de usar mi dedo medio. **************** Amira Cuando despierto, no es por la luz del sol atravesando las persianas de plástico baratas de mi dormitorio, sino por una pesadilla que me saca de mi profundo sueño. La habitación está completamente oscura, pero mi corazón martillea a medida que alcanzo la lámpara de la mesita de noche. En lugar de la desvencijada mesita de manera de Ikea que tengo, mis dedos rozan el mármol frío. Oh. Mierda. No fue una pesadilla. Finalmente encuentro un interruptor y una luz tenue ilumina la habitación de tonos negros, blancos y dorados. No hay ningún reloj. No tengo idea de si es noche o de día porque no hay ventanas. Solo una puerta de la cual no tengo la llave. No hay ninguna maldita ropa a excepción de mi gabardina. Que inteligente, Amira. Jodida y realmente inteligente. Ni siquiera tengo mi bolso. Scar debió haberlo dejado en el auto. Jaló la sábana de la cama y la envuelvo alrededor de mi cuerpo antes de ir al baño. Miro al espejo, haciendo una mueca ante mi apariencia. El delineador está corrido y formando círculos oscuros debajo de mis ojos, y mi cabello es como un nido de ratas como era de esperarse dada la forma en que me moví y di vueltas en medio de la pesadilla. Excepto que no fue una pesadilla. Es mi nueva realidad. Dejo los costosos productos intactos, sin querer nada de Mount a excepción de mi libertad. Eso es todo lo que quiero, y voy a encontrar una manera de conseguirla. Hoy. Cuando giro en dirección a la habitación, algo llama mi atención. Una bata de seda negra colgando de un gancho cerca de la cabina de la ducha de vidrio. No estaba ahí anoche. Alguien entró mientras dormía. La realización me golpea con una claridad impresionante y desgarradora. Corro de vuelta a la habitación y hacia la sala de estar y, efectivamente, hay platos con cubiertas de plata con una nota en la mesa. Come. Toma una ducha. Prepárate de acuerdo a las instrucciones en la mesita de noche si quieres salir de aquí hoy. El grueso garabato es familiar y no hay ninguna firma. ¿Qué instrucciones? Regreso a la habitación y compruebo la mesita con la lámpara que encendí. Está vacía. Sin embargo, la otra mesita de noche no lo está. Hay una caja lacada de n***o. ¿Cómo diablos no la noté? Mi garganta se seca a medida que trago saliva y me acerco a la caja, casi con miedo de levantar la tapa como si fuera la última. Pero la nota decía si quieres salir de aquí hoy, y Dios sabe que lo haré. La abro y observo el contenido. ¿Es un juguete… s****l dorado con n***o? Parece un vibrador, pero hay un cable conectado al extremo dorado y no hace falta ser un genio para darse cuenta para qué sirve. Y, sin embargo, Mount fue lo suficientemente minucioso como para dejar una nota para mí de todos modos. Esto llenará tu coño hasta que te deje tomar mi polla. ¿Dejarme? ¿Dejarme? Si fuera capaz de escupir fuego, quemaría este edificio ahora mismo. Leo el resto tan pronto como la bruma roja desaparece de mi visión. La ropa que usarás para trabajar está en el armario. Si no estás lista como lo describí antes de las nueve, espera pasar otras veinticuatro horas aquí. Tus excusas se aplicarán a tus empleados. El huracán de emociones dando vueltas en mi cabeza hace que mis dedos agarren el juguete antes de que sea consciente de mi propio movimiento. Más que nada, deseo arrojarlo a la pared y romperlo en pedazos. ¿Cómo se atreve? Pero una frase me detiene antes de que mis habilidades de lanzamiento de softbol de secundaria entren en juego. “La ropa que usarás para trabajar”. Mi pecho se agita con las respiraciones irregulares mientras me desplomo en el borde de la cama y leo cada palabra de la nota seis veces. No confío en este hombre, pero si hay una sola posibilidad de que me deje salir aquí para ir a trabajar, tengo que cumplir. Y sabe que lo haré. —Maldito bastardo —le digo la pared, apretando el látex flexible del juguete s****l en mi mano. La voz baja y profunda de Mount resuena desde la puerta. —Tienes razón. Soy un bastardo. Nací en las calles y mi madre fue una prostituta que me dejó en la puerta de una iglesia. Me crié en esas mismas calles y pasé por un infierno que nunca podrías imaginarte con tu vida fácil y con comodidades. Me giro para enfrentarlo, mi mano ya no tiembla de rabia, sino de miedo. Camina hacia mí, y las historias que Magnolia me contó dan vueltas en mi cabeza al igual que sus advertencias. Sujeto con fuerza mi brazo junto a mi costado, ocultando mi reacción de él. —¿Crees que lo que quiero de ti es degradante? —pregunta, dando otro paso hacia mí. —No tienes ni una maldita idea del significado de la palabra, pero estaré feliz de introducirte un poco si eso es lo que se necesita para que mantengas tu parte del trato que hicimos anoche. A diferencia de ti, cumplo lo que digo. En este instante creo que es capaz de todas las cosas horribles que he escuchado sobre él. Puede lastimarme. Matarme. Hacerme desaparecer. Pero por alguna razón que quizás nunca comprenderé, me desea. Y tal vez con solo eso, tenga una ventaja. Tengo que elegir, y no puedo dejar que el miedo paralice a mi cerebro. Puedo seguir rebelándome y desafiándolo —e indudablemente perder— o ceder un poco y hacer que parezca que estoy jugando su juego. Puedo ser terca, pero no soy estúpida. Enderezo mis hombros y levanto la barbilla como si la sábana de satén n***o fuera un vestido de noche. —No estaba al tanto del tema de tus padres. El insulto solo fue en referencia a tu personalidad. Al menos para lo que he visto de ella hasta ahora. —La siguiente parte es más difícil de decir, pero me las arreglo—: Me disculpo por cualquier ofensa que haya causado con eso, no fue intencional en ese contexto. Algo revolotea en su expresión. ¿Sorpresa? ¿Incredulidad? ¿Shock? No lo sé, porque ha desaparecido tan rápido como apareció y baja la mirada hacia su reloj. —Tienes once minutos para estar lista si quieres ir a trabajar hoy. —Levanta la mirada hacia la mía y el atisbo de una sonrisa tira del borde de su boca—. Sugiero que te apresures, a menos que prefieras pasar el día con menos de lo que llevas puesto ahora. Las palabras maldito bastardo flotan en mi cabeza otra vez, pero esta vez la reprimo. Doy la vuelta y me precipito al baño, dando un portazo detrás de mí, sin pensar siquiera que azotar la puerta en la cara de Mount quizás no sea la mejor idea que he tenido hasta que estoy a mitad de mi cepillado de dientes. Aun así, lavo mi cara rápidamente y corro hacia el armario para encontrar exactamente un atuendo colgado. Una falda lápiz negra y una blusa dorada iridiscente que se ve casi transparente. Un sujetador dorado a juego se encuentra en el centro de la isla, al lado de un collar de perlas blancas. Negro, dorado y blanco. No tengo tiempo para pensar otra vez sobre el significado de esos colores mientras tiro la sábana y me visto. No estoy para nada sorprendida cuando todo encaja perfectamente. Toda la ropa es de una calidad superior a la que incluso me he permitido soñar con poseer y mis empleados sin duda van a tener preguntas. Pero tengo que salir. Tengo que a ir a trabajar. Concéntrame en eso porque es lo único que importa ahora. Entonces recuerdo el dispositivo n***o con dorado que dejé en la encimera del baño cuando salgo del armario. No necesito instrucciones para saber dónde va, o la importancia del hecho de que no me proporcionaron bragas. La puerta del baño se abre sin invitación. —Tres minutos, señorita Clear. —Su mirada taladra el objeto que estaba contemplando hace un instante. Una vez más, una de las esquinas de su boca se eleva—. Veo que no has terminado de prepararte. Nuestras miradas chocan y me enderezo en toda mi estatura, con la barbilla levantada con orgullo mientras nuestra batalla de voluntades se desarrolla en silencio. Ambos sabemos que voy a perder. —¿Va a hacer los honores o los haré yo? —pregunta. La pregunta envía un rayo de calor directamente a mi núcleo, a pesar de que la verdad debería ser lo opuesto. Me gustaría que esa oscura mirada me congelara, pero no hace más que provocar una tormenta de fuego. —Estaba llegando a eso. Si me disculpas y me das un instante por favor. Mi petición es demasiado cortés y al parecer le divierte porque ambas comisuras de los labios de Mount se elevan. En lugar de salir, apoya su ancho hombro contra la puerta. —Estás olvidando quién da las órdenes aquí. Levanta tu falda, inclínate y llena tu coño con ese juguete o con mucho gusto lo haré yo. —Hace una pausa, su sonrisa volviéndose perversa—. En realidad, a la mierda eso. Si no lo haces en este instante, lo siguiente que llenará tu coño será mi polla mientras te inclino y te follo sobre esa encimera y te veo venirte a través del espejo. Dulce Jesús. Cubro mi boca con ambas manos para silenciar el jadeo. Las palabras sucias que salen de sus labios van directamente a mi núcleo a medida que la humedad se acumula, amenazando ya con gotear por mis muslos. Alcanzo el juguete con una mano y levanto la parte delantera de mi falda tan discretamente como es posible con la otra, manteniendo mi desnudo trasero apuntando en dirección al armario y lejos de su vista. Debería haberlo sabido mejor Sacude la cabeza. —Frente al espejo. Inclínate. El miedo que se apoderó de mí anoche cuando me dijo que me inclinara está ausente esta mañana y en su lugar es la rabia. Pero hay algo más que arde con igual intensidad, es como si él hubiera aprovechado una necesidad que no sabía que existía, como si realmente deseara que alguien que me dijera que hiciera estas cosas sucias. Aparto ese pensamiento de mi mente mientras sigo sus órdenes, llevando el juguete a mi entrada. —Estoy dispuesto a apostar que ni siquiera necesitas lubricante. Aprieto los ojos porque no está equivocado. El látex del juguete se desliza contra mi coño. —Fóllate primero con eso. Inhalo y hago lo que dice, empujando y tirando del juguete, excitándome hasta que casi estoy al borde. Lo empujo con más fuerza, necesitando solo un poco más de estimulación en mi clítoris para llevarme al límite. Mi otra mano se desliza cerca, pero gruñe otra orden. —Alto. Con el juguete completamente dentro de mí, me detengo. ¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Estoy a punto de venirme delante de un hombre que odio? Me enderezo casi lo suficientemente rápido como para perder el equilibrio y aliso la falda. Cuando me doy la vuelta para enfrentarlo, pretendo que nada de esto pasó. Al menos hasta que una mano desaparece en su bolsillo y el juguete cobra vida, vibrando dentro de mí. Mis rodillas se debilitan por el impacto y busco a tientas el borde de la encimera para mantenerme en pie. —Oh mi Dios… —Es un susurro entrecortado, y espero como el infierno que no pueda escucharlo. No soy tan afortunada. Camina hacia mí y encuentra mi mirada. —Eso no fue lo que dijiste anoche cuando te hiciste venir. El castigo que me prometió destella en mi cerebro y debe notarlo en mi expresión. Mi orgasmo está al alcance… pero las vibraciones se detienen. —No tengo tiempo para lidiar con tu pequeño y sucio coño y con tus traviesos dedos esta mañana, pero lo haré. En mi mundo, nadie se sale con la suya al romper mis reglas. Tengo la sensación de que aprenderás rápidamente. Las yemas de mis dedos se aferran al borde de la encimera para evitar abofetearlo y quitar esa mirada petulante de su rostro. En su lugar, me quedo silencio delante de él. Al parecer, Mount no necesita o desea palabras que provengan de mí. —Fuera de mi vista mientras aún estoy dispuesto a dejarte ir. A menos que sea para ir al baño, no te atrevas a sacarlo sin mi aprobación. Te prometo que no disfrutarás el castigo si lo haces. Inhalo y me precipito hacia la puerta del dormitorio. Rodeo el costado de la cama, agarro los tacones de aguja de la noche anterior y mi gabardina y prácticamente corro hacia la puerta de la sala que está abierta de par en par. Afuera, Scar está esperando con la capucha en mano. Odio esa maldita capucha. Pero ahora, odio a Mount incluso aún más. Arranco la capucha de la mano de Scar, la coloco sobre mi cabeza y dejo que lleve mi rígido cuerpo fuera de mi jaula dorada.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD