Amira Sorprendentemente, Mount saca mi silla y la empuja mientras me siento en la enorme mesa del comedor que parece que podría acomodar a veinte personas. Su lugar está en la cabecera y yo estoy sentada directamente a su izquierda. No hago contacto visual con él mientras me siento, porque juro que el hombre puede leer mi mente. Para mí vergüenza, sus palabras de despedida me mojaron lo suficiente como para que no hubiera necesidad de buscar lubricante para deslizar el juguete dentro de mí donde lo exigía. ¿Qué demonios es lo que está mal conmigo? Debería estar disgustada y asqueada. Gritando para que alguien me deje salir de esta maldita casa que todavía no he podido ver porque Scar me encapuchó y me llevó para la cena. Pero en cambio, todo lo que puedo hacer es imaginarme a Mount ag

