Sus palabras tienen una promesa, y estoy aterrada de que se cumpla. Repite el proceso con otro dedo, la presión más ligera, y mis caderas presionan con más fuerza contra sus muslos. —Puedes fingir que no te gusta, pero te encanta cómo juego con este culo tan apretado y virgen tanto como amaste de la manera en que te follé en la mesa anoche. No puedo negarlo. Llegué al punto en que las palabras no son una opción, y si abro la boca, lo único que saldrá será un gemido. Además, si puede hacer que no duela cuando me empuje ese tapón en el culo, no voy a discutir. He conservado un pequeño sentido de auto conservación. Cambia de manos, estira mis piernas para presionar un dedo largo y grueso dentro de mi coño, follándolo dentro y fuera hasta que me retuerzo contra él. Prueba con un segundo de

