El terror se apoderó de Davina cuando el hombre la agarró con fuerza, arrastrándola hacia el vehículo. Sus manos eran como garras, sujetándola sin permitirle ni un solo intento de resistencia. Los latidos de su corazón retumbaban en su pecho, casi ahogándola. Su mente estaba en caos, pero lo único claro era el miedo, el miedo absoluto de no saber si volvería a ver a Valeria, o si la volvería a ver viva. En ese momento, el mundo a su alrededor se desvaneció en una niebla espesa, y solo su hermana, Valeria, se mantenía firme en su mente, una imagen a la que aferrarse. Cuando el auto arrancó y se alejó, Davina sintió una ola de desesperación invadirla. Su hermana estaba en manos de ese monstruo. Un hombre sin alma, con una pistola sobre la cabeza de Valeria. Una pistola que podría s

