Lexter volvió por Davina. La casa permaneció en silencio, su presencia llenó el aire con una tensión palpable. Él cruzó la puerta, era una figura imponente. Valeria lo observó con una mirada penetrante, como si pudiera leerlo completamente. —¿Va a cuidar de mi hermanita? —preguntó Valeria con una ligera preocupación nublando su voz. Era evidente cuánto significaba Davina para ella. Era todo lo que tenía. Lexter esbozó una sonrisa ligera, pero sus ojos reflejaban algo más profundo, una promesa implícita. —Te lo prometo, Valeria. Y si quieres, también puedo cuidar de ti. Podría dejar a un guardia aquí si te hace sentir más tranquila. Valeria lo miró fijamente, como si analizara sus palabras y su oferta. Su respuesta fue casi automática. —¡No! No es necesario. Puedo cuidarme sola. Ad

