Lexter avanzó hacia Davina con una mirada que parecía devorarla. Cada paso que daba irradiaba seguridad, pero al detenerse frente a ella, sus ojos brillaron con una calidez que logró desarmarla. —Eres tan hermosa esta noche que quisiera encerrarte en un lugar donde nadie más pudiera verte, solo yo —dijo con una intensidad que hizo que las palabras se quedaran flotando en el aire entre ellos. Davina dejó escapar una pequeña risa, aunque sus mejillas se ruborizaron ante la declaración tan posesiva. —¿Eres siempre tan celoso, señor Rinier? —replicó con una sonrisa que intentaba ser juguetona, aunque el nerviosismo le traicionaba. Él inclinó la cabeza hacia su oído, su voz grave y cargada de deseo. —Más de lo que imaginas, porque quiero que seas mía… pero no a medias. Toda mía. Las palab

