—¿Hace cuánto fue? –le preguntó Aurora dulcemente a su hija. La tenía recostada casi en su pecho, y ya estaban cansadas de llorar. —Tres meses… en… una fiesta a la que me hicieron ir. —¿Cómo así que te hicieron ir? –preguntó Antonio. —Una compañera me quitó un libro, y me dijo que sólo si iba a la fiesta me lo devolvería. Fui y lo reclamé, y cuando salía… —Emilia cerró sus ojos. Tal vez ese tipo era el que había instigado todo para que fuera, para tenerla donde quería. Pero en el fondo de su conciencia, debajo de toda su rabia y su dolor, encontraba que todo se contradecía. La manera como él la abordó, la manera como la habían hecho ir. Las rosas… ¿Era ese hombre el de las rosas? ¿De verdad? La policía le había preguntado si tenía idea de por qué razón el hombre había quedado incons

