El cálido abrazo del verano se cernía sobre Ipswich mientras el señor Ward termina de organizar las maletas en la camioneta, Céline y su madre se fundían en un genuino abrazo, la despedida siempre se tornaba melancólica pues su única y querida hija vivía en el campus a pesar de que la universidad quedaba a tan solo hora y media. Se había decido que así fuera ya que la interestatal por ese tramo se tornaba oscura y solitaria, sin contar que se debía tomar una ruta alterna boscosa y sin ninguna edificación o estación de servicio, lo cual hacia el camino muy oscuro y peligroso para ser transitado todos los días y peor aun después del anochecer.
Céline manejaba y Melissa era su copiloto ya que esta no tenía coche, las dos amigas siempre se acompañaban, Melissa se despidió de los señores Ward y subió, la siguió Céline después de darle un sonoro beso a su padre.
—los quiero, los llamare en cuanto lleguemos. Se despidió Céline.
La universidad John Staton tenía un gran campus que constaba de 3 edificios principales, que se dividían entre las zonas administrativas, las facultades más importantes; de derecho, ciencias y de tecnología, en el espacio de atrás un gran campo con una cancha rodeada de una extensa pista de atletismo , a la derecha el edificio donde estaban los dormitorios y al fondo justo en el límite donde empezaba el extenso bosque, había una pequeña capilla que aún se encontraba en funcionamiento para aquellos profesores y estudiantes que quisieran usarla.
Los varios kilómetros de bosque colindantes eran propiedad de la universidad y esta pertenecía a la jurisdicción de Haverhill, este pueblo era más pequeño que Ipswich y para nada turístico, antes un pueblo minero tenía una gran cantera en desusó y unos cuantos arroyos y pequeños estanques fríos y llenos de vegetación a los cuales en ocasiones los estudiantes de la universidad que debían caminar un tramo de unos 30 minutos a pie por el medio del bosque, llegaban a hacer picnics y a refrescasen en verano. En unas pocas ocasiones el sheriff de Haverhill tuvo que evacuar la cantera por ciertas fiestas clandestinas, pero nada que no se pudiera controlar, por lo demás la universidad John Staton, es por no subestimar su calidad, una de las mejores universidades.
El campus estaba lleno de vida, con estudiantes que regresaban, familias que despedían a sus hijos y un inconfundible aire de emoción y nerviosismo. Céline y Melissa eran roomies y se dirigieron hacia el dormitorio, donde encontrarían su refugio para el próximo año.
A pesar de la comodidad de su hogar en el hotel de sus padres, el campus universitario siempre tuvo un atractivo especial. La independencia, las amistades y las experiencias compartidas creaban un ambiente único. Céline estaba emocionada por el nuevo año, pero una sombra persistente de intranquilidad se aferraba a sus pensamientos.
Las clases comenzaron, y el ritmo frenético del campus retomó su curso habitual. Los profesores entusiastas, los estudiantes ansiosos y el bullicio constante llenaron los pasillos. Céline, Melissa, Kevin y Tiffany se encontraron en medio de la rutina académica, pero las risas y las bromas seguían siendo una constante en su día a día.
Una semana después, mientras los amigos paseaban por el campus después de clases, se toparon con un grupo de estudiantes de intercambio que llegaban con maletas y expresiones algo tímidas en sus rostros. Céline notó que ciertos estudiantes tenían un perfil europeo tal como Tiffany había especulado, un par de ellos asiáticos y uno con aspecto latino. Miraron con curiosidad a los recién llegados, preguntándose en que facultades estarían y las materias que compartirían con estos estudiantes.
Los estudiantes de intercambio se hospedaron todos en los dormitorios del campus, y se fueron asignando a sus diferentes áreas de estudio. Al siguiente día el comedor estaba algo conmocionado por los recién llegados, esto siempre ocurría por lo menos unos días más por la novedad y mientras conocían a los nuevos, este año en particular el grupo prometía mucho, no solo por la diversidad si no porque había un par de chicos guapos, y una chica rusa bastante hermosa que tenía a más de uno suspirando. Céline, Tiffany y Melissa estaban mirando desde una de las mesas de la esquina para pasar desapercibidas y no dar mucha importancia, pero estas estaban calificando a los chicos, obviamente, su potencial de guapos y sexys.
—de verdad que el chico rubio de perfil griego esta que se cae de lo sexy, me contaron que se llama Braam y es holandés, junto con el de rizos cenizos llamado Hubert, es que creo que los dos deberían de servir de modelos para una clase de dibujo con la profesora Emily, serían los mejores modelos que alguna vez hayan pisado esa sala de arte. Exclamo Tiffany mientras miraba con un deseo ardiente hacia los estudiantes de intercambio quienes estaban todos en una mesa comiendo y departiendo con estudiantes locales.
—este año si se esforzaron, creo que la encargada de admisiones solo vio rostros esta vez, porque hasta el asiático está bien bello, dijo Melissa, —ustedes me conocen, no suelo babear mucho por chicos, pero esta vez estoy de acuerdo con Tiffany. Exclamo Melissa mientras hacia un gesto obsceno con su lengua. Las chicas estallaron en risas.
—en que piensas Céline ?, pregunta Tiffany. Te noto callada, normalmente a estas alturas ya has escogido tu presa, eres bien directa, mejor habla de una vez, para no ir tras ese.
—ummm, expresa Melissa mientras se lleva un tenedor con ensalada a la boca, creo que Céline este año va a cambiar de objetivo, quizás la chica rusa es lo suyo.
Tiffany ríe mientras se lleva un poco de su crema de tomates a la boca.
—no sé, a mí me gusta cualquiera de los holandeses, el que parece francés tiene algo que no me termina de convencer, dice esta mientras echa otro vistazo a la mesa del centro.
Céline se encuentra concentrada en su sándwich o eso aparenta, lleva varios minutos fijándose disimuladamente en ese grupo nuevo, en un chico en específico, aparentemente el francés, tiene el cabello n***o muy n***o, abundante y semi ondulado, está un poco largo, pero no alcanza a llegar a los hombros, un perfil realmente extraño, no sabe cómo definirlo, es atractivo, pero es como una apariencia suave, delicada, pero a la vez extraña, misteriosa, lo que más le impacta es ese porte imponente, es delgado y alto. Este chico se encuentra un poco alejado de los demás, no lo ha visto hablar con persona alguna, en ocasiones levanta la vista y hace un recorrido breve de todo el comedor.
Mientras Céline le da un mordisco a su sándwich este chico levanta su rostro y mira directamente a Céline, tiene los ojos más azules que ella jamás ha visto, un azul profundo inquietante, se congela en su silla y el mundo enmudece, puede escuchar el palpitar de su corazón que ruge cual mar en una tormenta, puede ver como en cámara lenta como una suave brisa mueve el cabello n***o de este chico, y este esboza una especie de sonrisa minúscula que parece más una mueca de satisfacción, fue fugaz, pero Céline la percibió, un pitido agudo en sus oídos la mareo, no sabe que fue pero siente que es una señal de alerta.
Las risas de sus amigas la sacaron de su estado, y ya luego vio a este chico concentrado en su comida, que por cierto no había visto probar en todo el rato.
Terminando de masticar la comida, Céline se aclaró la garganta y declaro a sus amigas —el francés quizás sea lo mío este año.
—en serio? Comento Tiffany algo escéptica, —no sé, no creo que sea tu tipo.
—déjala, dijo Melissa, de pronto lo diferente sea lo correcto este año, quizás doña no busco nada serio, se enamore este año.
Céline rio algo nerviosa con el comentario de Melissa.
—en fin, me atrae mucho el asiático, mañana mismo averiguo todo sobre él, y el francés, exclama Melissa mientras se limpia la comisura de la boca.
En la noche después de una ducha refrescante, Céline se recostó en su cama, pensativa, en todo el día no había logrado sacarse de la cabeza a aquel francés, miro hacia la cama contigua, Melissa aun no llegaba, conociéndola estaba chismeando en los demás dormitorios, ojalá lograra encontrar más información, nunca ni siquiera en la secundaria un chico la había hecho sentir aquello.
Unos 15 minutos después entra Melissa al cuarto con una sonrisa de placidez en su rostro, —tengo todos los datos que nos interesan amiga —exclama mientras salta encima de la cama de Céline y se hace de lado para quedar recostaba cara a cara con su amiga,
El asiático es de Filipinas su nombre es Amiham, viene por las ciencias de investigación, el francés es más un enigma, solo se sabe que se llama Abraham y está inscrito en antropología, ¿la clase especial que empezó a dictar ese profesor famoso, Cooper, acaso Srta. Ward esa es no es una clase obligatoria para alguien que estudia sociología? Pregunta Melissa en tono burlón.
Intrigada por la diversidad cultural, Céline decidió inscribirse en la clase de antropología que prometía explorar las dinámicas culturales y sociales de diferentes regiones del mundo, y que por cierto debería de empezar a tomar el siguiente año. A ninguno de sus amigos convenció con esta excusa, pero no le importo, rio ante los comentarios maliciosos de sus amigas y por simple curiosidad rogo que la inscribieran a pesar de que no había más cupos por fortuna empezaría el siguiente día la clase con el profesor Cooper, estaba feliz por lograr siempre lo que quería, pero esa sombra de intranquilidad que la acompañaba desde el verano no la abandonaba y en la penumbra de la noche, cuando los pasillos se volvían silenciosos, la inquietud regresaba. La promesa de un año emocionante se mezclaba con la incertidumbre, y la sombra que acechaba en los rincones de su mente parecía crecer con cada día que pasaba.