Capítulo 14
La sensación que se incrusta en el pecho cuando algo va bien, cuando algo va mal… ambas son difíciles de describir, no sabemos porque, solo se encuentran ahí en el pecho haciéndonos sentir o mucho, o poco.
Tampoco hay un término medio.
Estos días en el trabajo habían sido pesados, los días largos, las noches cortas, la vida un nudo.
Los tiempos libres los había pasado con mi abuela, quien tenía las ojeras pronunciadas y la mirada cansada, el cancer de a poco en poco se la estaba llevando.
—¿Que es eso que tienes por decirme?—. Preguntó Miranda, acomodando el vestido, ensayando sus sonrisas—. ¿está te gusta?
—Te miras bien. A mi me da por los rostros serios, combina con mis ojos—. Encogí de hombros para suspirar—. No te pongas nerviosa, lo harás bien, son ensayos para Los Ángeles, tranquila.
—Estoy tranquila—. Aseguró.
No debatí ante ello, ni sus manos ligeramente temblorosas, no mencione que podía mirar cómo se mordía repetidas veces el labio inferior en señal del gran nerviosismo que se cargaba.
Tocaron a la puerta y noté que era James, los ojos de Miranda se rodaron.
—Mi día iba bastante bien, que pena—. Recalcó en tono alto ella, a lo que miré en el espejo—. Cuidado Tay, que el seguro te enamorará y te terminará por nada.
—Taylor, ¿Puedes venir?—. Pidió, pasando de largo el comentario de Miranda.
Asentí, prometiéndole a mi amiga que regresaba pronto y salí con el, pisándome los talones rumbo a dios sabe donde.
Apenas llegamos a fuera me entrego una pequeña bolsa, le miré con desdén para esperar que dijera algo, pero no lo hizo, alzó ambas cejas y con un ademán señaló la bolsa.
—¿Que es esto?—, pregunté curiosa, analizando la bolsa.
—Tienes que abrirlo para saberlo—. Señaló con obviedad, le miré de reojo, para ver la bolsa de nuevo—. Anda.
Suelen decir que cuando una persona en realidad te pibe atención hace que lo demás mejore, es decir, los detalles.
Si tú haces algo por mi, que he querido por años… claro que la emoción desbordada por mí será muchísima aunque—claro—eso no necesita explicación.
Con lentitud abrí aquella bolsa con colores brillantes y dejé de mirar a James, atenta al contenido, eran pequeñas tiras de colores de papel ocultando el verdadero contenido.
Entradas para un concierto.
—¡¿Estas de broma?!—pregunté emocionada dando pequeños saltos—. ¡Debes de estar de broma!
—Es a quien querías ver, ¿No es así?—, preguntó con una gran sonrisa.
Acciones…
James era mi amigo y eso Miranda si lo sabía, pero… las acciones que llegaba a tener una persona emocionada, eran duplicadas y sin pensarlas demasiado.
Y ahí se adentraba la culpa.
Yo tenía boletos para ir a ver a Sabrina Carpenter.
Y quizá cuando lo abracé con demasiada emoción, o pensé en dos pares de ojos que miraban atentamente en mi dirección.
¿Por que me importaba lo que pensara Hades?
Y por otro lado, mientras abrazaba a James, pensé en Miranda y en… como él no hacía muchas cosas lindas por ella.