Abril Ray podía ver mis pensamientos, estaba segura de que él sabía el miedo que tenía, me avergonzaba ser tan cobarde, pero como dijo Leo, ellos me ayudarían y yo tendría que poner todo mi empeño en aprender y recordar cada cosa, cada detalle, cada enseñanza, porque ya no había vuelta atrás: luchara o no con Ray y los demás, Marina no se detendría hasta matarme, y, si iba a morir, prefería hacerlo peleando al lado de ellos. Miré el reloj de pared y me sorprendí, eran las nueve, hubiera jurado que era más tarde, parecía que ya iban a ser las doce o incluso más tarde; fue un día raro y muy, muy largo. ―¿Quieres comer algo antes de ir a dormir? ―Max siempre preocupado de mis necesidades físicas. Sonreí agradecida, claro que necesitaba un té de esos exquisitos que me preparaba él

