Ray ―Ray, si te molesta el olor a sangre, puedes salir ―me ofreció Joseph al rato de estar atendiendo a Abril, sacando los vidrios de sus pies, que no eran pocos. ―No la dejaré sola ―afirmé con decisión. Era mi culpa, si no hubiera salido, si no la hubiese dejado sola, aquello no habría pasado. ―¿Qué pasó? ―preguntó Joseph mientras cicatrizaba las heridas. ―Manuel estaba fascinándola, quería marcarla. ―¿Qué dices? ―preguntó incrédulo. ―Sí, él… ―Abracé a Abril a mi cuerpo, pensando en lo que hubiera pasado si Manuel la hubiese marcado. ―Márcala tú, así Manuel no podrá acercarse a ella otra vez. ―No, tú sabes lo que eso significa, ella nunca podrá volver a ser la misma. ―Pero tú la mantendrías segura. ―Incluso así. ―¿No la quieres? ―Joseph… ―Si lo vuelve a intentar entonce

