la llamada,la caja, el último adiós y el reencuentro

1495 Words
La llamada Sofía era una mujer joven y exitosa que trabajaba como abogada en una prestigiosa firma. Tenía un novio llamado Daniel, con el que llevaba tres años de relación. Sofía estaba muy enamorada de él y pensaba que era el hombre de su vida. Un día, recibió una llamada de Daniel, que le dijo que tenía una sorpresa para ella y que la esperaba en su casa. Sofía se emocionó y salió del trabajo más temprano. Condujo hasta la casa de Daniel, que estaba en las afueras de la ciudad. Al llegar, vio que la puerta estaba entreabierta y entró. No había nadie en el salón, solo una nota en la mesa que decía: “Te espero en el dormitorio”. Sofía subió las escaleras y se dirigió al dormitorio. Al abrir la puerta, se quedó petrificada. En la cama, había dos cuerpos sin vida: el de Daniel y el de otra mujer, ambos con heridas de bala en la cabeza. Junto a ellos, había una pistola y otra nota que decía: “Perdóname, Sofía. Te he engañado con ella durante meses. No podía seguir viviendo con esta culpa. Espero que me perdones y seas feliz. Te quiero”. Sofía no podía creer lo que veía. Se sintió traicionada, engañada, destrozada. Rompió a llorar y se acercó a la cama. Tomó la pistola entre sus manos y se apuntó a la sien. Antes de apretar el gatillo, dijo: “Te perdono, Daniel. Te quiero”. Lo que Sofía no sabía era que todo era una broma macabra de Daniel y su amante, que habían fingido su muerte con sangre falsa y maquillaje. Ellos habían planeado grabar la reacción de Sofía con una cámara oculta y luego humillarla públicamente. Pero cuando escucharon el disparo, se dieron cuenta de que habían ido demasiado lejos. Fin. La caja Luis era un hombre curioso que le gustaba coleccionar objetos raros y antiguos. Un día, en una tienda de antigüedades, vio una caja de madera tallada con símbolos extraños. Le preguntó al dueño de la tienda qué era y él le dijo que era una caja maldita que contenía un secreto terrible. Le advirtió que no la abriera, porque si lo hacía, liberaría una fuerza maligna que lo destruiría. Luis se sintió intrigado y decidió comprar la caja, pensando que era una leyenda urbana. La llevó a su casa y la puso en su sala de estar. Durante varios días, la caja lo tentó con sus misteriosos sonidos y movimientos. Luis se resistió, pero cada vez sentía más curiosidad por saber qué había dentro. Una noche, no pudo más y decidió abrir la caja. Tomó un destornillador y rompió el candado que la cerraba. Levantó la tapa y miró dentro. Lo que vio lo horrorizó: había un espejo que reflejaba su rostro, pero con una expresión de terror y dolor. Luis se asustó y quiso cerrar la caja, pero fue demasiado tarde. El espejo se iluminó y una voz le dijo: Hola, Luis. Soy tu peor pesadilla. El espejo se convirtió en una pantalla que mostraba las imágenes más atroces que Luis podía imaginar: sus seres queridos muertos, sus peores miedos hechos realidad, sus más oscuros secretos revelados… Luis sintió un dolor inmenso en su mente y en su cuerpo. Quiso gritar, pero no pudo. Quiso escapar, pero no pudo. Quiso morir, pero no pudo. La caja lo había atrapado en un bucle infinito de sufrimiento. Fin. El último adiós Ana y Carlos eran una pareja feliz. Se habían conocido en la universidad y se habían enamorado desde el primer momento. Tenían muchos planes para el futuro: casarse, viajar, tener hijos… Pero todo se truncó cuando Carlos fue diagnosticado con una enfermedad terminal. Los médicos le dijeron que le quedaban pocos meses de vida. Ana no se resignó a perder a su gran amor. Buscó en internet tratamientos alternativos, remedios naturales, milagros… Pero nada funcionó. Carlos se fue deteriorando poco a poco, hasta que quedó postrado en una cama de hospital. Ana lo visitaba todos los días, le llevaba flores, le leía libros, le cantaba canciones… Trataba de mantener la esperanza y la alegría, pero era difícil. Un día, Carlos le pidió a Ana que le hiciera un favor. ¿Qué es, mi amor? -preguntó Ana. Quiero que me lleves al parque donde nos conocimos… -dijo Carlos. ¿Al parque? ¿Pero cómo? Estás muy débil… -dijo Ana. Por favor… Es mi último deseo… -dijo Carlos. Ana no pudo negarse. Con la ayuda de una enfermera, sacó a Carlos del hospital y lo subió a un taxi. Llegaron al parque y Ana lo bajó con cuidado. Lo sentó en un banco y lo abrazó. ¿Te acuerdas de ese día? -preguntó Carlos. Claro que sí… Fue el día más feliz de mi vida… -dijo Ana. Yo también… Me enamoré de ti al instante… -dijo Carlos. Y yo de ti… -dijo Ana. Gracias por todo lo que has hecho por mí… Eres la mejor cosa que me ha pasado… -dijo Carlos. No me agradezcas nada… Te amo con todo mi corazón… -dijo Ana. Yo también te amo… -dijo Carlos. Y entonces, Carlos cerró los ojos y dejó de respirar. Ana sintió cómo se le rompía el alma. Lloró desconsoladamente, abrazando el cuerpo sin vida de su amado. Nadie se atrevió a molestarla. Solo el viento y las hojas le hacían compañía. Fin. El reencuentro Sofía y Daniel eran dos amigos de la infancia que se habían separado cuando tenían diez años. Sofía se había mudado a otro país con su familia y Daniel se había quedado en Venezuela. Durante un tiempo, se habían escrito cartas y correos electrónicos, pero poco a poco fueron perdiendo el contacto. Ambos guardaban un recuerdo especial del otro, pero no sabían cómo volver a encontrarse. Un día, Sofía recibió una invitación para asistir a una conferencia internacional de periodismo en Caracas. Era una oportunidad única para su carrera y también para visitar su país natal. Sin pensarlo dos veces, aceptó la invitación y reservó su vuelo. Daniel, por su parte, era un fotógrafo freelance que trabajaba para varias revistas y periódicos. Le gustaba viajar y conocer lugares y personas diferentes. Un día, le encargaron cubrir la conferencia internacional de periodismo en Caracas. Era una asignación interesante y también una excusa para volver a su ciudad natal. Sin dudarlo, aceptó el encargo y preparó su cámara. El día de la conferencia, Sofía y Daniel llegaron al mismo hotel, pero no se reconocieron. Sofía se registró en la recepción y subió a su habitación. Daniel hizo lo mismo y se dirigió a la sala de conferencias. Allí, se sentó en una fila cercana al escenario, donde iban a hablar los ponentes. Entre ellos, estaba Sofía. Ella era la primera en hablar y se presentó ante el público. Habló sobre su experiencia como periodista en el extranjero, sus retos y sus logros. Su voz era clara y segura, su discurso era fluido e inspirador. Daniel la escuchaba con atención, sin saber que era su amiga de la infancia. Algo en ella le resultaba familiar, pero no sabía qué. Tal vez era su mirada, o su sonrisa, o su forma de expresarse. De repente, Sofía dijo algo que hizo que Daniel abriera los ojos con sorpresa. Quiero dedicar esta conferencia a alguien muy especial para mí. Alguien que me enseñó el valor de la amistad, el amor por las palabras y el respeto por la verdad. Alguien que perdí hace mucho tiempo, pero que nunca olvidé. Alguien que se llama Daniel… Daniel no podía creer lo que oía. ¿Era posible que esa mujer fuera Sofía? ¿La misma Sofía que había sido su mejor amiga? ¿La misma Sofía que había jugado con él en el parque, que había compartido con él sus sueños, que había llorado con él cuando se despidieron? Sin pensarlo dos veces, Daniel se levantó de su asiento y corrió hacia el escenario. Sofía lo vio acercarse y lo reconoció al instante. Era Daniel. El mismo Daniel que había sido su mejor amigo. El mismo Daniel que había reído con ella en el parque, que había escuchado sus historias, que había prometido volver a verla. Sofía bajó del escenario y se encontró con Daniel en medio de la sala. Se abrazaron con fuerza, sin importarles los demás. Se miraron a los ojos y se sonrieron con ternura. Sofía… -dijo Daniel. Daniel… -dijo Sofía. Te he extrañado tanto… -dijo Daniel. Yo también… -dijo Sofía. Y entonces, se besaron con pasión. Fue un beso largo y dulce, un beso lleno de emoción y de esperanza. El público los aplaudió con entusiasmo, conmovido por la escena. Nadie sabía quiénes eran ni qué historia tenían detrás, pero todos sintieron que habían presenciado algo mágico. Sofía y Daniel se separaron del beso y se tomaron de la mano. Sabían que ese era el comienzo de algo nuevo. Sabían que habían encontrado lo que tanto buscaban. Fin.
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