Ariadna. —La pasta estuvo como tú — lo escuché decir al ayudarme a llevar los platos sucios a la cocina. —¿Y como estoy yo? — pregunté dándome vuelta para mirarle. —Deliciosa— me contestó mirándome fijamente. Me costaba entender del todo que no era un hombre de muchas sonrisas, podía decir cosas muy encantadoras sin el más mínimo gesto risueño en su rostro. Era duro, y yo necesitaba ablandarlo un poco, me gustan las personas sonrientes, simpáticas, agradables... sin embargo Leandro me encanta pero, necesito que sea más flexible, más suave y relajado. —Qué bueno que te gustó — caminé hacía él y tomándolo del brazo salimos de la cocina. —¿Como fue tu día hoy? — lo senté en los muebles de mi departamento y a su lado también hice lo mismo. —Ocupado — tan solo me contestó. —¿Son tu madre

